El cine alternativo o independiente, el que para muchos es el único que merece ser visto, puede desaparecer de las pantallas del país, junto con el cine colombiano no comercial, debido a la nueva práctica del VPF o  Cobro por Copia Digital, inventado hace unos años por los grandes estudios de Hollywood para financiarle los nuevos equipos digitales a los exhibidores estadounidenses. Por falta de una mejor palabra, cine “alternativo” o “independiente” es todo aquel que no viene de los grandes estudios de Hollywood o de los independientes norteamericanos o británicos que tratan de emularlos. Dentro de esta definición entra el llamado cine de autor, el cine europeo, asiático, ganadores de premios en festivales de cine, películitas que se salen del molde comercial y -desde luego- el cine colombiano que no tiene la marca de Dago García o alguno de sus imitadores.

EL RIESGO DE ESTRENAR UNA PELICULA ALTERNATIVA EN COLOMBIA

El riesgo es -obviamente- la falta de público y el sostenimiento en cartelera más allá de su semana obligada de estreno. No es un problema nuevo. Siempre ha existido. En ciudades cosmopolitas grandes, como Nueva York, Londres, Roma, etc., esta deficiencia se ha podido suplir con pequeñas salas donde una película con buena aceptación de público puede durar semanas y hasta meses, generando entradas no muy grandes, pero constantes. Sin embargo, con la proliferación de gigantescos multiplexes en todo el mundo y su consumo masivo y de cierta forma desechable, estas salitas especializadas tienden a desaparecer, poco a poco. Es un panorama apocalíptico, pero bastante realista.

El cine alternativo no tiene muchas posibilidades hoy en día en las salas normales de cine (donde predominan las palomitas de maíz, el perro caliente, la gaseosa y el entretenimiento barato) y su futuro puede estar más en las nuevas ventanas como el VOD (video por demanda o pago en Internet o servicios de cable), ventas de DVD o Blu-ray (no tan buen negocio como antes, pero sigue existiendo) o, en el mejor de los casos, en pequeñas salas subvencionadas por el Estado (el inalcanzable sueño de muchos).

Seguir pensando que una película alternativa, así sea excelente, buena o mala, así haya ganado una manotada de premios en festivales de todo el mundo, así tenga una aceptación insuperable de los críticos o espectadores especializados, no tiene muchas posibilidades de visibilidad aquí o en cualquier parte del mundo y mucho menos de rentabilidad. Para comprobar esta tesis, utilizaremos el ejemplo de la película de Rubén Mendoza, Tierra en la Lengua, que acaba de completar sus dos primeras  semanas de exhibición comercial en Colombia.

EL TRISTE CASO DE “TIERRA EN LA LENGUA”

A pesar de algunos datos erróneos publicados en la Revista Arcadia del 24 de Julio del presente año, Tierra en la Lengua se estrenó en 19 salas en lugar de 10, en Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga, Sogamoso, Duitama, Villavicencio, Enviago y Yopal, donde obtuvo solamente un lastimoso 31,04% de la asistencia normal de espectadores de estas salas. Aún así, 6 de las salas mantuvieron la película -a pérdida- por una segunda semana.

Desde que se inventó el sistema de exhibición de cine comercial en salas a principios del Siglo XX, la segunda semana de cartelera de una película se logra por haber cruzado el umbral de entradas promedio de la sala al final del día domingo de la primera semana de estreno (llamado el “holdover” por Hollywood) o por beneplácito del exhibidor, en común acuerdo con el productor. De ahí en adelante la carrera de continuidad de la película en cada sala depende de la taquilla generada y de volver a pasar el umbral del domingo por la noche…

Esta simple fórmula se utiliza (y se mantiene firmemente) en los contratos pertinentes o de palabra, así la película sea un desastre económico o supuestamente el exhibidor quiera abrirle campo al estreno del Planeta de los Simios o lo que sea. En el fondo es una garantía para ambas partes y siempre se cumple. Que se le quiera dar una interpretación equivocada, sólo sirve para generar controversia mal intencionada y apoyar causas perdidas.

LOS VIEJOS ENFRENTAMIENTOS ENTRE  PRODUCTORES Y EXHIBIDORES

La pugna entre productores de cine colombiano y los exhibidores ha existido casi siempre, especialmente desde la implementación de la Ley de Cine en el 2003, que supuestamente incrementó la producción de cine colombiano y, obviamente, su “visibilidad”. En los primeros años del “boom” de la Ley, con los grandes éxitos como Rosario Tijeras, Soñar No Cuesta Nada, Bluff, Satanás, Paraíso Travel, Algo Huele Mal, entre otras, se logró dejar atrás las viejas rencillas y los productores/exhibidores vivieron una breve temporada de “luna de miel”, hasta que las cifras volvieron a caer, se empezaron a exhibir las películas ganadoras de los estímulos del FDC y las grandes taquillas de los años 2005 a 2008 quedaron como simples recuerdos de mejores épocas. Sin embargo, los años entre el 2010 al presente han sido terreno abonado para algunas películas comerciales con muy buena respuesta de público como la trilogía de El Paseo, La Cara Oculta, Mi Gente Linda Mi Gente Bella, Los Colores de la Montaña, El Jefe, Mamá, Tómate la Sopa, Sin Tetas No Hay Paraíso, El Páramo, El Cartel de los Sapos, Sanandresito, y este año, Ciudad Delirio y Encerrada. Desde luego que estas producciones por lo general no tienen el honor de ser incluídas dentro de los listados de las mejores del año de los críticos y no se dan su paseito de popularidad por los festivales de cine del mundo, pero reciben el mejor premio de todos: la gran aceptación del público.

Pero aquellas producciones que le apuestan al cine alternativo, al que generalmente gusta mucho en los festivales, a los cinéfilos que las consideran “joyas” del nuevo cine mundial, no han podido colonizar sino un muy pequeño nicho dentro del gusto impredecible del público y tienen que sobrevivir con una pequeña y muy fiel minoría de seguidores. Esto no es una opinión, sino una realidad, que se refleja en la baja taquilla de no solamente películas colombianas de este estilo, sino de las grandes laureadas de los premios más importantes del planeta. Solamente las nominadas o ganadoras del Oscar de Hollywood logran medianas taquillas, pero jamás captan las cifras multimillonarias de películas netamente comerciales. Sin embargo, aquí en Colombia se ha querido justificar este estado natural del negocio y el gusto del público como una confabulación de los exhibidores contra el cine colombiano.

EL PESO DE LAS CIFRAS Y EL VERDADERO ENEMIGO

Aparte de este duelo sin sentido entre dos sectores importantes de la cinematografía nacional, en los últimos años se ha venido cocinando en fuego lento una verdadera amenaza para la supervivencia del cine alternativo colombiano y extranjero, junto con la casi segura quiebra de los pocos distribuidores de cine independiente que quedan en el país.

Como ejemplo, queremos ilustrar gráficamente el problema con las estadísticas de las dos semanas de exhibición de Tierra en la Lengua:

(Aquí se pueden ver los 19 teatros que exhibieron Tierra en la Lengua en su primer y segunda semana, donde se muestra el porcentaje comparativo de la cinta enfrentado al promedio normal semanal de la sala y el cobro del VPF, que suponemos se va a cobrar por la exhibición. Nuestras cifras son un aproximado a la realidad y pueden variar dependiendo de los contratos individuales entre el distribuidor/productor y el exhibidor/sala de cada caso. En términos generales, cada uno de los cinco exhibidores grandes del país ha adoptado una cifra diferente, pero parece que la que es más parecida entre todos es la de cobrar un 50% del VPF o más o menos unos $400 a $450 dólares por sala si la película se exhibe solamente por una semana y entre $600 a $850 si se exhibe durante dos semanas o más.)

Por desgracia, Tierra en la Lengua no logró en ninguno de los casos igualar el promedio del 100% de las salas, siendo la más cercana, Avenida de Chile en Bogotá, donde logró el 86,72% de la cifra en la primer semana y el 48,94% en la segunda. El resultado más bajo fueron los 74 espectadores del Cinépolis CityPlaza de envigado con el 11,83% del promedio normal de la sala. Pero, a pesar de no haber logrado buenas cifras, seis salas en Bogotá, Medellín, Sogamoso y Yopal mantuvieron la película en cartelera por una segunda semana adicional, que no se sabe si es una buena o mala noticia para el distribuidor/productor, ya que con el cobro del VPF al 100% en lugar del 50% y las bajas entradas,  cabe preguntarse si “¿Será más caro el collar que el perro?”.

Aunque la película logró 7,007 espectadores en total y un recaudo bruto de $50’584.450 pesos en sus dos semanas de exhibición, de los cuales se supone que bajo condiciones normales le quedaría un 40% de las boletas vendidas (aproximadamente $20’233.780 pesos) para repartir con el distribuidor (un 10% del total), con el sobreprecio del abusivo VPF, que suma $8.450 dólares ($15’632.500 pesos al 1.850 por dólar), al productor de la película (que además le ha tocado cubrir los costos de trailers, copias en DCP, fotos, mercadeo, publicidad, premier de lanzamiento, etc., etc.) , le queda un saldo en rojo A DEBER a los exhibidores de la película por la suma de $457.265!

Este hecho definitivamente acaba con cualquier intención de tratar de distribuir una película alternativa de poco público, así sea colombiana o alguna de las excelentes películas que importan a gran riesgo económico los pequeños distribuidores como Cineplex, Babilla y Procinal. Por lo menos, los otros dos pequeños distribuidores, V.O. Cines y Venus Films, ya se dieron por vencidos hace rato y decidieron no comprar más películas para distribuir en Colombia.

EL PRECIO DE LA INDIFERENCIA

Al no existir una agremiación cinematográfica que se ocupe de estos casos y el triste hecho de ser un medio desconectado y tremendamente apático, se supone que el CNACC con su Fondo de Cinematografía (FDC), a través de lo que ellos llaman “Estímulos Automáticos”, le cubrirán algunos de los costos de lanzamiento de películas colombianas o coproducciones con otros países hasta la cifra tope de $70 millones, aliviando en cierta forma la “tremenda golpiza” de los exhibidores. Pero así les paguen los costos del VPF y otros gastos de promoción y lanzamiento, la exhibición teatral se vuelve estéril y no le genera ninguna ventaja económica al productor. En lugar de pensar en cuánto van a ganar, la pregunta obligada de los productores o distribuidores pequeños ahora es: ¿Cuánto me arriesgo a perder?

¿Y QUE PASA CON EL CONSEJO DE CINEMATOGRAFIA?

Ante la aparente indiferencia o silencio del ente gubernamental y los representantes de los Productores y Distribuidores, uno se pregunta, ¿Por qué este tema tan importante nunca se ha discutido seriamente dentro del seno del Consejo de Cinematografía (CNACC)?

¿Y por qué a los pequeños distribuidores colombianos no se les puede ayudar con las películas que traen de afuera como se hace con el cine nacional? Hasta ahora -diez años después de la implementación de la Ley de Cine-  los distribuidores no tienen ninguna prebenda, así como la tienen los exhibidores que  rebajan el cobro parafiscal de la Ley en un 6,25% por simplemente pasar un corto colombiano en algunas de sus funciones.

Si las cosas se hicieran como debería ser, el CNACC podría tomar una de dos decisiones que se nos vienen a la cabeza: (1) Pedirles a las grandes cadenas de exhibición que eximan a los productores de cine colombiano y a los pequeños distribuidores de pagar este injusto y oneroso impuesto o (2) Cubrirle los sobrecostos del VPF a los productores de cine colombiano y a los distribuidores pequeños a través de los “Estímulos Automáticos” del FDC.

RESUMEN FINAL

Sea lo que sea, consideramos que el CNACC está en deuda con la industria de cine en Colombia y bajo los lineamientos de la Ley de Cine 814 no debe permitir que decisiones arbitrarias tomadas en franca imitación injustificada de la poderosa industria de Hollywood, con sus inmensas ganancias billonarias y el dominio total de más del 90% del cine mundial, acabe con un sector tan importante de la cinematografía nacional y de paso despojen a los cinéfilos y al público general colombiano de la posibilidad de seguir viendo el mejor cine del mundo…

JULIO LUZARDO

j_luzardo@hotmail.com

 

Datos estadísticos de CadBox Colombia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *