¿Se justifica invertir 4.000 millones para traer una película de Hollywood cada 4 o 5 años? ¿Quién se beneficia de estos dinero$? ¿Estará en el sitio equivocado la nueva Comisión Fílmica Colombiana? Un viejo dicho de Hollywood durante la época de cine mudo era a tree is a tree, a rock is a rock, let’s shoot it in Griffith Park, que quería decir, un árbol es un árbol, una piedra es una piedra, filmemos en Griffith Park. Puesto en otras palabras, quería decir que no era necesario desplazarse a alguna parte del mundo para lograr lo que se podía hacer en los grandes estudios de Hollywood o sus alrededores, donde se duplicaba cualquier selva, desierto, calle de Nueva York, una frutería exterior en Paris, pueblo fantasma del oeste, etc., sin salirse del área de Los Angeles. En condiciones casi perfectas los técnicos especializados podían reproducir no solamente una gran tormenta marina, el ataque de hormigas de Marabunta, las lluvias torrenciales de Key Largo, el terremoto de San Francisco y muchas otras escenas memorables del cine que se veían en las pantallas de cine en los años ’30 hasta más o menos los finales de los ’80, cuando empezaron a aparecer los efectos digitales, la nueva edición no-lineal, mayor realismo en la pantalla y sobre todo, el movimiento de cine independiente, que le quitó totalmente la supremacía a los grandes estudios. Ciudades como Vancouver, Canadá, le quitaron el protagonismo como sitio de filmación a la Meca del cine por su calidad, técnicos, actores, infraestructura logística y, por encima de eso, mejores precios y menos problemas sindicales, apoyados por Comisiones Fílmicas que colaboraban desde la parte gubernamental local para atraer compañías productoras con los bolsillos llenos de dólares, que dejaban millonarios gastos en utilización hotelera, alimentación, extras, alquiler de locaciones, transporte y todo lo relacionado con filmaciones multi-millonarias que involucran todos los procesos de la vida diaria de una comunidad y dejan jugosos dividendos para repartir a diestra y siniestra. La llegada de un gran equipo de filmación de Hollywood a cualquier sitio es casi al nivel de encontrar oro en el río cerca al pueblo.

Un buen ejemplo de las filmaciones de antaño y el sistema utilizado por Hollywood para imitar la realidad a su manera es la película de la Metro-Goldwyn-Mayer Fuego Verde de 1954, que supuestamente sucede en Colombia, pero que se realizó casi totalmente en los estudios de la Metro en Culver City, duplicando los escenarios donde se encuentran las esmeraldas, tema principal de la película. Sin ir más lejos nos recuerda con claridad la frase “un árbol es un árbol, una piedra es una piedra”….

Sin embargo, como paliativo, se hicieron algunas tomas en Colombia con los actores principales, Grace Kelly, Stewart Granger y Paul Douglas, más que todo como gancho publicitario para la película y no como parte integral o realista de la misma.

Posteriormente, en Colombia se filmaron las super-producciones Los Aventureros, Quemada, La Misión, Crónica de una Muerte Anunciada, Cobra Verde, un sinnúmero de películas italianas de bajo presupuesto filmadas en Cartagena y últimamente Amor en los Tiempos del Cólera.

No es un número muy significativo en un período de más de 40 años. No llega a una película cada seis o siete años, en promedio. Además, por temor a filmar en Colombia, otras dos se hicieron en Ecuador, Prueba de Vida con Meg Ryan y Russell Crowe, y María, Llena Eres de Gracia con Catalina Sandino.

Otras, que se supone tenían escenas en Colombia, como Romancing the Stone (La Esmeralda Perdida) con Kathleen Turner y Michael Douglas, Daño Colateral con Arnold Schwarzenegger y John Leguizamo, Mr. Mrs. Smith con Brad Pitt y Angelina Jolie, Clear and Present Danger con Harrison Ford, se filmaron tranquilamente en México y en los estudios de Hollywood.

También se hicieron en el país películas de bajo presupuesto como Orgullosos, Malditos y Muertos, con Chuck Connors, y Paco, con José Ferrer, pero éstas no califican dentro del término super-producciones, que se supone que son las que dejan una estela de dólares regados por todos lados.

Si somos realistas, no se están haciendo grandes producciones cinematográficas con escenarios colombianos sino cada tres o cuatro años, así se filmen aquí, en México, en Ecuador, o donde sea. Aunque nosotros estamos convencidos que somos el centro del universo, la verdad es que para muchos norteamericanos, ingleses y europeos, Colombia ni siquiera existe o la confunden con algún país africano. Para los que la conocen tenemos una imagen negativa creada por el narcotráfico, la guerrilla terrorista, el secuestro de Ingrid Betancur, la violencia que ven en las películas de Víctor Gaviria, en Satanás, en Perro Come Perro, en las noticias. Y para colmo de males, las empresas aseguradoras especializadas en cine no quieren tomar el más mínimo riesgo con películas que se filmen en Colombia, cerrándole la puerta a muchas propuestas interesantes. En fin, no es un panorama muy alentador. Esta es la imagen que una Comisión Fílmica debe borrar antes de empezar a vender sus locaciones o escasa infraestructura, que está muy por debajo de muchos otros países competidores, porque existe en realidad una gran competencia entre las más de 300 comisiones fílmicas registradas, que luchan y hacen lobby por agarrarse un pedazo de ese pastel lleno de dólares que puede significar una filmación. La Comisión no se puede sostener solamente con películas que tengan temas colombianos de talla internacional, ya que como hemos visto, no hay demasiados proyectos por ese lado. Si va a intentar sobrevivir por sí sola, va a tener que ofrecer mucho más que un simple escenario para películas con temas que tienen algo que ver con el país. Por ejemplo, la ciudad de Vancouver y sus alrededores, que se ha vuelto el sitio mundial de mayor competencia de Hollywood, lo ha logrado por tener no solamente un mismo idioma en común, sino por contar con una infraestructura de equipos, estudios, técnicos, actores y locaciones que fácilmente suplantan a los de Estados Unidos a un precio mucho más económico y sin tantos problemas. En el caso colombiano estas producciones extranjeras no han dejado una huella significativa en la cinematografía colombiana ya que los puestos asignados a los técnicos locales son de muy baja monta y el colombiano está relegado a ser el peón o carga-bultos de los extranjeros que vienen. Se puede decir que aquí sencillamente vienen, filman y se van. Aquí no estamos en posiciones privilegiadas como en México o Argentina, donde se respeta al técnico local o se tiene que pagar por su desplazamiento forzado. Una Comisión Fílmica colombiana tiene que pensar en todo esto antes de dar cualquier paso. A fin de cuentas, ser la “puta” del paseo, no es exactamente la mejor posición para encontrarse en una situación como ésta y cualquier plata invertida por el país anfitrión en este renglón es dinero que se le quita al cine nacional. Tenemos que recordar que el espíritu de las Comisiones Fílmicas nació de la necesidad de facilitarle el camino a producciones cinematográficas, de eliminar trabas gubernamentales, de acabar con el innecesario papeleo en la concesión de visas de trabajo temporal en el país para actores y técnicos extranjeros, de aligerar los engorrosos trámites de aduana para importación temporal de materiales y equipos, de servir de enganche oficial entre el gobierno y las empresas productoras que decidan filmar en el país, de controlar filmaciones piratas o dañinas para la imagen local, de guiar a los productores para abrirles puertas y asegurarse que tengan menos problemas al filmar en locaciones exóticas en un país desconocido. Son muchísimos detalles importantes que van más lejos de ser un simple vehículo para darle trabajo a los amigos y un medio para pavonearse por diferentes ferias del mundo a costillas de plata del gobierno.

Una Comisión Fílmica no ha existido como tal en el país, pero se han hecho varios esfuerzos en esta dirección que vale la pena recordar. En el año 1987 Focine publicó un libro de pasta dura titulado Colombia, the set (Colombia, el escenario), muy bien editado para la época, que fue una de las últimas realizaciones que tuvo la desaparecida Compañía de Fomento Cinematográfico antes de cerrar ese capítulo de la historia del cine colombiano. El libro, compuesto de 128 páginas, lleno de fotografías a color de locaciones y descripciones en detalle de varias regiones del país que podían servir de fondo para filmaciones, que se debería divulgar mundialmente como gancho para atraer productores extranjeros. Desafortunadamente, el libro no tuvo una adecuada distribución, que era una de las principales características de casi todo lo que se hacía a través de Focine y la mayoría de estos libros terminaron arrumados y olvidados en una de las bodegas del Patrimonio Fílmico Colombiano donde permanecerán para la posteridad como otro intento fallido de la no muy afortunada dependencia gubernamental. Aunque se ha querido aparentar que la idea de una Comisión Fílmica para Colombia es algo nuevo y novedoso, hace más de 16 años, en el mes de Julio de 1992 el director de FOCINE de ese momento, Javier Cortazar Mora, le aprobó a Piedad Bonilla, una colombiana radicada en Estados Unidos y muy conocedora de estos temas, la idea de invitar, con todo los gasto pagos, a varias personas especializadas en locaciones de cine en Hollywood para visitar a Colombia y promoverla como lugar fílmico. El recorrido de casi dos semanas comenzó en Bogota, donde visitaron todos los sitios turísticos más representativos. Partieron por carretera a Villa de Leyva, se quedaron en el Hotel y Centro de Convenciones de Paipa, aprovechando las aguas termales. Siguieron a Bucaramanga, pasaron por sitios muy bellos, incluyendo el Cañon del Chicamocha hasta terminar en Girón, Santander. Por avión llegaron a Cartagena, donde hicieron recorrido por carretera de Barraquilla y Santa Marta. El grupo recorrió el país a sus anchas, plenamente documentado con excelentes fotos en un extenso artículo de la revista Location Update, que le dio la vuelta al mundo y llegó al escritorio de todos los interesados en el tema. Se dejó de visitar Medellín por razones de seguridad y porque por esa época Pablo Escobar se había escapado de la Catedral. Tampoco se visitaron los Llanos Orientales, ni el sector amazónico. Los ilustres visitantes atravesaron el país por tierra, aire, y un recorrido en lancha que terminó en Ciudad Pérdida. Como culminación, se les organizó una reunión en Bogota con directores, guionistas y casas productoras de cine en Colombia para hacer un acercamiento entre los ilustres visitantes y los medios de producción más importantes del país.

A raíz de esta visita tan importante de 1992, al siguiente año y a través de PROEXPO, con la gran ayuda de Douglas Montgomery, director de la entidad en Los Angeles, Colombia participó con un stand en la feria anual de la AFCI (Asociación de Comisiones Fílmicas), que se realizó en Santa Mónica, California, pero tristemente en ese momento nadie en Hollywood quería filmar en Colombia por razones obvias de seguridad. Ahora nos vemos afrontados a un nuevo intento de darle vida a un proyecto que nos da la impresión de no haberse estudiado como se lo merece, de no contar con una evaluación de la experiencia adquirida durante 40 años o haber estudiado a fondo la valiosa experiencia hecha por Focine en el ’92 y ’93 y, lo que es peor, de no tener un rumbo bien definido o planificado. De acuerdo a un artículo publicado el día 20 de Abril del presente año en el periódico El Tiempo, el gobierno le asignó la suma de 4.00 millones de pesos durante tres años al ente Proimágenes en Movimientos para crear la Comisión Fílmica Colombiana, cifra nada despreciable y muy cercana a los 5.000 millones que se aprobaron este año como apoyo directo al cine colombiano a través del Fondo de Cinematografía, que favorece a todo el sector, y es el motor principal del boom cinematográfico actual. Por lo que se puede leer en el artículo, Proimágenes ya recibió 450 millones de pesos y espera recibir otros 1.000 millones antes de fin de año. Según el artículo, ya se hizo una cuantiosa inversión en investigaciones y en fotos y otros materiales audiovisuales, pero cometieron el gravísimo error o descuido de no asistir o participar activamente en la única feria del sector, la de la Asociación de Comisiones Fílmicas, que se celebró durante los días 11, 12 y 13 de Abril en su sede acostumbrada de Santa Mónica, California, cita absolutamente indispensable si la idea de la nueva Comisión era la de llegarle a los productores de Hollywood y del mundo entero que tienen proyectos para realizarse en los próximos meses. Sin embargo, en el mismo artículo anuncian, como gran cosa, como si fuera una excelente oportunidad, que van a asistir al Festival de Cine de Cannes que es, como en los comerciales de Davivienda, estar en el lugar equivocado, o por lo menos en lo que se refiere a locaciones y a negocios de una Comisión Fílmica como la Colombiana, ya que éste es un festival para vender y lanzar películas terminadas y no para buscar locaciones para películas en pre-producción. Eso lo sabe cualquier persona medianamente conocedora del tema. Si el caso es el de darle caché al intento equivocado, de hacer bulla en los medios que no distinguen una cosa de otra y tratar de justificar ante el gremio cinematográfico los gastos hechos hasta el momento, es entendible desde un punto de vista superficial, engaña-bobos, pero se nos hace muy torpe esta actitud, que demuestra claro desconocimiento de la labor que tienen entre manos los directivos de Proimágenes y sus asesores cercanos, que además han sido los directos beneficiados de los primeros dineros entregados por el gobierno para esta labor. Por lo que dice el artículo de El Tiempo, no es un problema de dinero, 450 millones de pesos dan para muchas cosas, entonces ¿qué se pretende con estas acciones desacertadas? ¿Se están duplicando labores que ya está ejecutando eficientemente desde hace muchos años la división de cine del Ministerio de Cultura con buenos resultados? ¿Por qué no se le asignó a esa misma Dirección de Cine la labor de la Comisión Fílmica?¿Por qué un país cinematográficamente pequeño como Panamá consideró tan importante el evento de Santa Mónica que mandó no solamente cuatro importantes representantes, incluyendo una Vice-Ministra, sino que también colocó un stand con buenos elementos visuales y Colombia brilló por su ausencia? ¿Quién decidió que era más importante ir a Cannes con todos los bombos y platillos e ignoró olímpicamente a la poco glamorosa feria de Santa Mónica?

Frente a todas las experiencias claramente expuestas aquí, ante la duda que nos planteamos si se justificar la inversión de 4.000 millones de pesos cada tres años para atraer una posible super-producción al país cada 4 o 5 años, de no contar con un estudio serio sobre el impacto verdadero de estas producciones que vienen, aprovechan nuestros paisajes, nuestros bajos costos y no dejan casi nada en retribución para el cine nacional, de no haber estudiado a fondo el grave problema de la falta de respaldo de las compañías aseguradoras que lo único que aseguran en sus agendas es un futuro color de hormiga para Colombia, de haber demostrado claramente que no se tiene concepto de los requerimientos básicos de una Comisión Fílmica y sus labores, de no saber a ciencia cierta con qué criterio se está manejando el tema, de no tener en claro cómo se está invirtiendo esa cuantiosa suma de dinero y, sobre todo, quién se está beneficiando directamente de todos estos errores, nos hacemos esta sencilla pregunta: ¿para dónde vamo$$$$? ¿Dónde está el piloto?

j_luzardo@hotmail.com

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