Por Julio Luzardo

A pesar de ser una medida drástica tomada por los grandes estudios de Hollywood para convencer a los exhibidores de cine de Estados Unidos a cambiar sus viejos proyectores de 35mm por digitales nuevos, su aplicación impositiva para industrias nacionales y distribuidores pequeños como en el caso de Colombia es un golpe bajo para aquellos que pensaban que la tecnología abriría el mercado a una nueva era digital, alejada de los altos costos del cine en 35mm.

¿QUE ES EL VPF?

A partir del 2008, los exhibidores estadounidenses acordaron con los distribuidores y productores de los grandes estudios de Hollywood compartir los costos de la digitalización de las salas cinematográficas, por lo que se creó el formato del Virtual Print Fee (VPF – Cobro por Copia Virtual) el cual se aplicaría en todos los mercados donde tiene influencia el cine norteamericano, incluyendo América Latina.

El pago tiene como finalidad que los dueños de las salas de cine recuperen la inversión que hicieron para cambiar de proyectores de celuloide a digital. La cantidad a pagar es establecida por los exhibidores de cada país. Por ejemplo en México se cobra entre $800 y $850 dólares y en Colombia $700 por cada pantalla de cine donde se exhiba una película.

En teoría el cambio a digital ayuda a rebajar el costo de cada copia el cual es alrededor de $1,000 dólares c/u, dependiendo del metraje, la cual se puede exhibir en distintos cines. Sin embargo, la copia digital no es gratis ya que se incorporan costos de hechura de un DCP (estándar digital, que varía de costo dependiendo de muchos otros factores como finalización digital, costosas transferencias, discos duros, etc.) y además se pagarán los $850 $700 dólares acordados por cada pantalla que se utilice en su exhibición al público. En apariencia básica es un costo menor, pero en realidad puede ser el doble o el triple ya que es por cada sala diferente y no por copia el pago.

¿ES JUSTIFICABLE EL COBRO?

Para los grandes estudios de Hollywood, prácticamente dueños exclusivos de más del 85% de la taquilla mundial, es un negocio redondo donde aún en el peor de los casos se ahorran miles de millones de dólares anuales. Sólo basta con ver el estreno de cualquier “blockbuster” de la meca del cine, que se lanza normalmente con 2,600 hasta 5,000 copias en su mercado natural, Estados Unidos. El ahorro es -simplemente: multimillonario. No es lo mismo para países como Colombia donde buena parte de la producción son películas pequeñas que escasamente logran aruñar las migajas de público que dejan los grandes estudios. Y ni hablar de las pequeñas distribuidoras colombianas, que cada año tienen menos posibilidades de sobreaguar dentro de un mercado voraz donde el grande se come al chiquito.

EL COSTO DE HACER UN NEGOCIO

Así como se dice popularmente “gajes del oficio”, lo mismo se aplica a cualquier negocio en cuanto a sus reglas y sus costos correspondientes. En el caso de una sala de cine, la proyección es simplemente una parte de la inversión, junto con la silletería, la pantalla, el equipo de sonido Dolby de última generación, el local, la construcción y la adecuación para recibir al público. Todos estos elementos son fundamentales y necesarios simplemente para “arrancar”. En otras palabras, estos son los costos básicos de entrar a ese negocio. Cualquier adelanto tecnológico -así sea mucho más costoso que lo que se está reemplazando- es “parte del negocio”. Exigirle al distribuidor, representante o productor de cine una cuota adicional por adelantos normales de tecnología es como si en supermercados como los de Carulla o el Exito les exigieran a sus proveedores una contribución para facilitarle a las cadenas cumplir con sus adelantos tecnológicos para poder brindar un servicio que es obligatorio para poder competir hoy en día.

¿COMO ESTA REPARTIDA LA “TORTA” DEL NEGOCIO DE CINE EN COLOMBIA?

Debido a muchas razones, en los últimos 15 o 20 años han ido desapareciendo los grandes cinemas de antaño y los pequeños teatros de barrio, suplantados por costosos complejos cinematográficos que van desde 2 hasta 24 o más pantallas en un solo sitio o como parte de gigantescos centros comerciales, donde el “gancho” del cine es una de sus principales atracciones.

Con la desaparición de los viejos teatros también han cambiado las reglas del juego y se ha reducido apreciablemente el número de los actores principales, que se han visto ahora acompañados o asociados con empresas multinacionales norteamericanas o mexicanas.

Dependiendo de la negociación individual de cada película, donde las más taquilleras se llevan un  porcentaje más grande del recaudo, el promedio que le queda al exhibidor generalmente puede ir desde el 50% hasta el 65% de cada boleta.

Ahora -más que nunca- se nota la separación entre los exhibidores y los distribuidores de cine, aunque hay algunos que manejan ambos lados del negocio.

LOS EXHIBIDORES DE CINE

En cuanto a los grandes exhibidores, Colombia está claramente repartida entre cinco grandes cadenas exhibidoras, que dominan el 87,10% de las pantallas y recaudan el 94,65% de la taquilla del país, como se puede ver en la siguiente gráfica:

LOS DISTRIBUIDORES DE CINE

Como es de esperarse, los seis grandes estudios de Hollywood dominan la distribución de cine en Colombia a través de alianzas como la de Cine Colombia, que a la vez que distribuye cine independiente adquirido por ellos, también es el representante de la Fox y Warner Brothers y es responsable del 44,07% de la taquilla colombiana en el 2013. United Internation Producers (UIP), con el 30,80% del mercado, es una empresa norteamericana que reune otros tres grandes estudios, Universal, Sony/Columbia Tristar y Paramount, a la vez que distribuye una o dos películas colombianas anuales. Disney, que lidera la lista individualmente con el 20,55%, es parte fundamental del conglomerado de Cine Color Films, empresa chilena que aparte de dar servicios de revelado de cine y posproducción digital, ahora también está empezando a ser el más grande de los pequeños distribuidores al dominar el 1,55% del mercado colombiano en el 2013. El restante 3,03% del mercado nacional está en manos de unas pocas empresas como Cineplex, Babilla Films, Procinal, V.O.Cines, Venus Films y otras, que no logran llegar al 1% c/u del total.

A FIN DE CUENTAS, ¿QUIEN COBRA EL VPF?

Sin contar con cifras exactas -si es que existen- desde hace más de cuatro años el cobro ha estado manejado más o menos a la libre discreción de los exhibidores colombianos y las grandes multinacionales que han invertido en este negocio en Colombia, como la norteamericana Cinemark y la mexicana Cinépolis. Se sabe a ciencia cierta que dos de los grandes exhibidores, Procinal y Royal Films, ambas empresas netamente nacionales, no cobran el VPF, pero que los otros sí, con contadas excepciones. De cierta forma, depende de la negociación que se hace con cada película, especialmente las que no están involucradas directamente con la negociación de los grandes estudios de Hollywood.

¿ES JUSTO EL COBRO?

Nuestra opinión siempre ha sido que la digitalización es el costo normal de estar dentro del negocio y adelantos tecnológicos que favorecen a la industria y al espectador, son necesarios para avanzar en una mejor experiencia y mantener al cine competitivo dentro de un mercado donde la piratería, internet y nuevas formas de entretenimiento lo amenazan a diario. Tristemente, algunas salas pequeñas y alejadas de los nuevos adelantos, no podrán seguir funcionando bajo los nuevos esquemas, pero ese es el daño colateral de los avances modernos en cualquier industria. O se evoluciona o se muere.

Sin embargo, una fórmula adaptada a la medida de los grandes estudios de Hollywood, no se puede ni se debe adaptar a productos nacionales o de otros países donde este tipo de “subvención a la fuerza” no tiene sentido, es un costo adicional para los que no tienen casi ningún beneficio directo y le añade un costo innecesario al producto nacional, que no cuenta con grandes mercados fuera de su propio país de origen. Para no ir más lejos, el ejemplo de Colombia es muy claro. En los siguientes dos cuadros, veremos con estadísticas del año que acaba de terminar -el 2013- que el cine norteamericano domina las pantallas del país de una forma abrumadora: el 90,07% de la taquilla total del año y el 91,72% de los estrenos.

ALGUNOS EJEMPLOS DE LA APLICACION DEL VPF

No es nuestra intención hacer un estudio detallado de los efectos de esta “fórmula” inventada por Hollywood para apaciguar a los exhibidores de Estados Unidos, que les producen billones de dólares al año, sino demostrar lo dañino que puede ser al aplicarse dentro de un mercado relativamente pequeño como el nuestro. En un sencillo muestreo de tres películas recientes, 2 colombianas y 1 francesa, vemos el siguiente resultado: la película colombiana La Sirga tuvo 545 espectadores en el Cinépolis Calima de Bogotá (de los estimados $545 dólares(*) que le tocaría de la taquilla se le restan los $700 del VPF y queda a deber $155 dólares), la película francesa Renoir en El Tesoro de Medellín de Cinemark logró 607 espectadores (de los $607 dólares que le corresponden, se le quitan los $700 del VPF y queda a deber $93), la película colombiana Edificio Royal sólo obtuvo una entrada de 644 personas en el Multiplex Titán de Cine Colombia (a los $644 dólares que debería recibir, se le restan los $700 del VPF y le quedarían $56 por pagarle al exhibidor)… Y estos son solamente tres casos escogidos al azar dentro de los miles que se pueden reseñar como ejemplos.

¿A QUE SE DEBE EL SILENCIO DEL CNACC?

Extrañamente, a pesar de ser un tema que es fundamental para la industria de cine en Colombia, el VPF nunca se ha discutido seriamente dentro del Consejo de Cinematografía y, obviamente, nunca ha sido una “prioridad” en su agenda. El CNACC, al estar conformado por miembros del gobierno, representantes de los exhibidores, distribuidores, productores, directores, técnicos, artistas y consejos departamentales, no es solamente el sitio ideal para discutir un tema que afecta tanto al cine en Colombia, sino que es un deber del gobierno si verdaderamente quiere apoyar o no a nuestra industria. Ya es hora de romper el silencio.

EN RESUMIDAS CUENTAS…

Una negociación hecha totalmente en Estados Unidos entre los seis “grandes” de Hollywood y NATO (la Asociación de Exhibidores de Estados Unidos), no se debería aplicar aquí en Colombia, en detrimento del cine nacional y los pequeños distribuidores de cine colombianos. Se debería estudiar la posibilidad de excluír de este cobro al cine colombiano y al cine extranjero de calidad que venga de otras latitudes y que no estén de ninguna manera ligados con cualquiera de los grandes estudios que firmaron este pacto.

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(*) Es una práctica generalizada y fácil de aplicar de la industria de exhibición cinematográfica en Colombia calcular en un dólar ($1) por cada espectador que ingrese a ver una película como el porcentaje que le toca al Productor o dueño de la película después de descontar el porcentaje del exhibidor y del distribuidor y otros gastos menores. 

Datos estadísticos de CadBox Colombia

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