La base del cine colombiano, así como en la mayoría de los países del mundo, aparte de Hollywood, se cimentó casi exclusivamente en el emprendimiento individual de muchos soñadores, que vieron en el cine la mejor forma de expresarse artísticamente y, en algunos casos supremamente raros, económicamente. Siempre ha sido un camino difícil y solitario, lleno de altibajos y muchas decepciones. La incómoda unión entre el arte y el comercio nunca han hecho una buena pareja. Además, la falta de continuidad ha sido la gran constante dentro de la historia del cine colombiano y la casi total ausencia de rentabilidad, su mayor obstáculo. Sin embargo, en el caso de Colombia, con las intervenciones estatales como la de Focine en los años ’70 y ’80 del siglo pasado, la de Colcultura en el “intermedio” y ahora con la Ley de Cine 814 en el nuevo milenio, se ha logrado aliviar un poco el riesgo de hacer cine al inyectarle fondos a toda la cadena de producción cinematográfica, inclusive llegando a ser de un paternalismo excesivo donde sólo unos pocos son los beneficiados, pero a pesar de todo, se ha empezado a notar que esto no es suficiente y la falta de público y rentabilidad siguen igual de mal o hasta peor que antes.

Dentro de este panorama desolador, hasta ahora no ha brillado sino un solo productor, Dago García, que gracias a su asociación con el Canal Caracol, ha podido sostenerse firmemente dentro del cine comercial, cada vez logrando mayores audiencias para sus películas. Desde luego que Dago ha tenido algunos malos momentos, ya que nada es perfecto en la vida, que le han servido para afinar más sus siguientes producciones para mantenerse a la cabeza del cine colombiano, a pesar de todos sus detractores en este país donde la envidia crece más rápido que la yerba mala.

En los primeros años de la Ley de Cine, con películas como Soñar No Cuesta Nada, Bluff, Satanás, Esto Huele Mal, Al Final del Espectro, Paraíso Travel, El Colombian Dream, y otras cuantas, se empezó a crear el mito de un “boom” de cine colombiano exitoso y taquillero, de temas llamativos y variados, que podría durar muchísimos años: Una verdadera “edad de oro” sin igual en la historia de nuestro cine. Sin embargo, la burbuja se rompió de repente y solamente algunas películas como La Cara Oculta en especial, Los Viajes del Viento, La Pasión de Gabriel, Los Colores de la Montaña, En Coma, El Páramo, Mamá, Tómate la Sopa, San Andresito y La Lectora, todas ganadoras de estímulos de producción del FDC, realizadas con esa combinación perfecta entre lo que es un guión bien estructurado, realizaciones impecables, buenas actuaciones con actores profesionales, grupos de producción experimentados y un buen olfato comercial que les permitió sobrevivir con recaudos un poco menores que las del “boom” anterior, pero de cierta forma aguantables para el momento.

Sin embargo, desde hace más o menos unos cinco años, alrededor del 2009, algunos de los realizadores exitosos como Laberinto, CMO Producciones, Riccardo Gabrielli y otros decidieron seguir con sus múltiples trabajos lucrativos de televisión y dejaron por el momento atrás sus aspiraciones cinematográficas. Coincidencialmente o debido a los gustos de los jurados de turno, los ganadores de los nuevos estímulos del FDC, casi todos haciendo sus primeras películas, le dieron la espalda al cine que había venido en esos primeros años y se dedicaron a un cine “de autor” rural, semi-documental y alejado de los gustos del público general. Los malos resultados económicos y el rechazo del público, especialmente en el 2014, saltan a la vista y no aguantan comentario.

A pesar de las grandes decepciones generadas alrededor de los proyectos ganadores del FDC en estos últimos años, la taquilla de cine en Colombia ha tenido algunos de sus mejores momentos con la saga de los tres “Paseos” de Dago García y ahora con Uno Al Año No Hace Daño. Harold Trompetero ha seguido con su cine, alejado de su asociación Con Dago García, pero ha sido desafortunado en algunas de sus realizaciones, que no han dado en el blanco del gusto popular. Han aparecido muchas coproducciones “minoritarias” con otros países que no le aportan casi nada al cine nacional y menos a la taquilla. Y a la sombra de todo esto, aprovechando todos los adelantos tecnológicos digitales, han aparecido producciones de escasos presupuestos que van desde $12 a $30 millones de pesos, como Crónica del Fin del Mundo, Souvenir y Demental, que no producen demasiado, pero su costo es infinitamente más bajo que los $700 millones de los estímulos normales de Producción del FDC.

¿ES LA LEY DE CINE LA CAUSA PRIMORDIAL DE LA FALTA DE EMPRENDIMIENTO EN EL SECTOR CINEMATOGRAFICO?

Debido a lo que hemos explicado, especialmente la ausencia de rentabilidad de las películas colombianas y la desaparición de posibles inversionistas, a pesar de los estímulos tributarios, efectivamente la Ley de Cine ha acabado con el emprendimiento empresarial personal. Ya son muy pocos, si es que los hay, que quieran arriesgar su propio dinero en la dura tarea de hacer cine ante riesgos tan grandes como los que se enfrentan hoy en día en la industria de cine. La Ley de Cine 814 proporciona un “colchón” muy cómodo para aquellos que quieren hacer cine, pero no quieren arriesgar un solo peso en el camino. Con el excesivo paternalismo al que ha llegado el FDC en los últimos cinco años, al ganarse un “estímulo” de $700 millones o, mejor aún, uno de un millón de dólares, existe plata regalada suficiente para hacer una buena película, para pagarle bien a los actores y técnicos, con muy pocos requisitos, total libertad y la tranquilidad de no tener que preocuparse si la película ganadora la ve o no la ve el público, ya que en ninguna parte se estipula que estas películas se tengan que exhibir teatralmente. La única exigencia es que se terminen, cumpliendo unas exigencias técnicas muy sencillas y obvias… punto. Es como ganarse el Baloto sin necesidad de comprar el formulario. Por eso, reconocidos cineastas veteranos como Víctor Gaviria, Sergio Cabrera, Lisandro Duque y Felipe Aljure se han acogido a las Convocatorias en los últimos 3 o 4 años y han ganado los estímulos correspondientes, junto con muchísimos otros nuevos cineastas, con o sin nada de experiencia previa.

EL SURGIMIENTO DE FERNANDO AYLLON, UN CINEASTA EMPRENDEDOR

Dentro de este panorama tan limitado y a la vez tan extremo del cine colombiano actual, donde tenemos de un lado a Dago García y sus producciones multimillonarias y del otro, los ganadores del FDC, con sus desastres de taquilla, donde sobreviven -o más bien naufragan- una serie de películas independientes, coproducciones minoritarias y cintas de toda índole, que son la gran mayoría, aparece el nombre de Fernando Ayllón, un nuevo jugador dentro del medio cinematográfico nacional. Manejando un perfil bajo, sin las poses ni el ego inflado de muchos de los nuevos realizadores, Fernando realizó estudios de Cine y televisión en San José, California, en donde se graduó en el año 2002. Por 7 años fue productor ejecutivo en Telemundo en Estados Unidos, donde también fue creador y director de la serie de televisión De paseo transmitida por Telemundo (Canal 48). Estrenó en septiembre de 2012 en Colombia su primer largometraje como director y guionista, ¿Por qué dejaron a Nacho? Si era tan bueno el muchacho, una comedia que gira en torno a un joven bonachón que el día que le pide matrimonio a su novia descubre que ella tiene un nuevo amor.

Para sorpresa de muchos, su primer película, estrenada con muy poca publicidad y un lanzamiento más bien discreto en 60 salas, convocó 44,148 espectadores y un modesto recaudo total bruto de $285,029.550 pesos en taquilla, apoyado además por un estímulo automático del FDC de $137 millones de pesos adicionales en el renglón de Promoción y Taquilla. En esta instancia sus mejores salas fueron Bogotá, Villavicencio y Cali en los multiplexes de Cine Colombia, Procinal y Cinépolis.

Un poco más de un año después, en Octubre de 2013, con un afiche supremamente llamativo, estrena Secretos, película dentro del difícil, pero muy agradecido género de terror y suspenso. Logra una cifra mayor a la de su primer película, de $357,905.400 pesos, 48,535 espectadores en 53 salas, principalmente de Cine Colombia y Cinépolis, en Bogotá, Cali y Barrancabermeja. Por aquellas cosas raras de los cambios en los estímulos automáticos del FDC, a pesar de haber logrado más espectadores que en su primer película, su liquidación se redujo en $30 millones y su cifra final fue de solamente $106,777.000 pesos.

Aprovechando el furor del fútbol con el Mundial a mitad del 2014, Fernando se lanza con su tercer película, Nos Vamos Pal Mundial, estrenada a finales de Abril, a escasos seis meses de su segunda película, logrando un recaudo de $981,555.540 pesos, 136,370 espectadores, casi doblando las cifras de sus primeras dos películas combinadas. Esta vez cuenta con 71 salas, principalmente en Bogotá, Bucaramanga, Ibagué, Cali y Villavicencio, en los multiplexes de Cine Colombia, Cinépolis y Procinal. Para esta salida cuenta con el nuevo estímulo automático de taquilla del FDC, que le genera el máximo de $220 millones de pesos adicionales.

Ahora, en el presente año, con el estreno de Se Nos Armó La Gorda, Fernando entra a las grandes ligas con más de 200,000 espectadores en 8 días de estreno, que es un récord fuera del ámbito de Dago García. Su número de salas ha crecido por encima de 100, que significa que el injusto VPF le va quitar muchos millones de su recaudo final, pero por ahora le está significando tener mucha presencia dentro de la cartelera colombiana, donde se ha mantenido fijo en el puesto No. 5 en la lista de películas más taquilleras de la semana.

Lo increíble del caso de Fernando Ayllón es su éxito calculado y progresivo, realizando y exhibiendo cuatro largometrajes en igual número de años, sin necesidad de inversionistas, préstamos, apoyo del FDC o asociaciones con los grandes canales de televisión. Por esas razones, y por ser casi el único caso de un emprendedor independiente en la precaria industria de cine colombiano, le hicimos la siguiente entrevista:

– Dentro del panorama desolador del cine colombiano independiente sobreviven Dago García, Harold Trompetero y ahora usted, Fernando. ¿Qué opina de todo esto?

Yo siento que gracias a Dios hemos podido sobrevivir como empresa porque el cine que nos gusta realizar es un cine comercial de gran aceptación popular. En ese concepto coincidimos con las realizaciones cinematográficas de Dago y Harold. Tenemos un público que se identifica con nuestro trabajo y eso se está viendo revelado en la asistencia a las salas de cine y en el crecimiento en la taquilla de nuestras películas.

– Descontando a Dago García que gracias a su larga asociación con Caracol está siempre catalogado como “fuera de concurso” en cualquier proyecto que haga, el cine independiente está en manos suyas y de Harold Trompetero, que se han destacado por hacer cine como sea y cuando sea. ¿Qué lo impulsa a seguir adelante en un trabajo que aparentemente tiene tantas trabas?

Me apasiona mucho mi trabajo, siempre soñé con hacer películas y contar historias. Afortunadamente, Dios me está dando la oportunidad de hacerlo y es algo que le agradezco a la vida diariamente. Soy muy afortunado porque en mi equipo de trabajo cuento con grandes amigos que me ayudan a superar todas las trabas que actualmente enfrentamos cuando realizamos películas aquí en Colombia.

– A pesar de todas la críticas de aquellos que no saben lo difícil que es salir adelante en este medio y en este país, ¿qué cree que le ha aportado su trabajo de televisión con Telemundo en Estados Unidos y aquí en Colombia?

Muchísimo! Primero, porque obtuve una experiencia como realizador que me sirve para mi desempeño diario, aunque el formato sea distinto. Segundo, porque muchas de las personas -tanto en Colombia como en Estados Unidos, que conocí trabajando en televisión- han sido de gran apoyo para poder hacer mis películas y obtener cada vez mejores resultados. Y tercero, porque aprendes que este trabajo se debe hacer pensando en satisfacer un público y no en satisfacer tus caprichos personales.

– ¿Sus estudios en San José, California, le sirvieron para tener una visión más amplia del cine como medio de comunicación y entretenimiento?

Sí, aprendes a darte cuenta que los gustos de tu público dependen mucho de sus procedencias culturales, sociales y económicas; pero sobre todo que tu público va a apreciar mucho el hecho de poderse identificar con lo que les estás contando. En lo personal, siempre me ha gustado la estructura de guión y la rapidez con la que se cuentan las historias en el cine comercial americano.

– Desde su perspectiva, ¿cómo evalúa sus estudios en Estados Unidos con los que hubiera podido tener en Colombia?

Siento que en Colombia existe una gran influencia de la narrativa europea de cine de autor y que algunas escuelas de formación cinematográfica tan solo aprueban este tipo de cine como válido y culto. Me parece un gran error porque nuestro público creció con la estructura cinematográfica Americana y por eso muchas veces no se logran los resultados que se esperan en las taquilla de las salas de cine.

– ¿Qué opina de aquellos realizadores colombianos que solo esperan recibir prebendas de los diferentes fondos estatales, locales o internacionales, para realizar una película?

Yo, en realidad respeto la metodología que cada quien quiera emplear para realizar su película y contar una historia. En mi caso, soy una persona muy impaciente y prefiero contar la historia que quiero contar con los recursos que tengo a la mano. Me cuesta mucho trabajo esperar.

– ¿Qué opina de los nuevos realizadores colombianos?

Siento que somos pocos. Un país como Colombia que tiene tantas historias por contar necesita más realizadores. Me gustaría ver a Colombia con una industria cinematográfica más fuerte, con muchos productos y de distintos géneros.

– ¿Qué opina de los viejos realizadores colombianos?

Son nuestros padres, han sido vitales en el crecimiento del cine colombiano ya que  fueron los que abrieron la brecha para que ahora nosotros podamos trabajar con más beneficios y comodidades. También se encargaron de motivar al público nacional en ver películas colombianas y respetar nuestro cine.

– Con la caída de la taquilla de los últimos años, muchos realizadores culpan a los exhibidores, a los distribuidores, a la competencia de Hollywood, a la escasez de dinero para promoción, a la falta de una cuota de pantalla y hasta al pobre público colombiano por no querer ver lo que no le interesa. ¿Usted qué opina?

Yo siento que no estamos haciendo películas pensando en nuestro público y sí estamos haciendo películas pensando en lo que le puede gustar a los que se consideran críticos de cine y amantes del cine artístico. Siento que la mayoría de nuestro público no paga una boleta con el fin de educarse, la paga con el fin de entretenerse.

– En un país donde los realizadores de cine (aún con más que suficiente plata regalada del FDC bajo el brazo), se demoran 3, 4 y hasta más de 5 años para terminar sus “obras maestras” es raro ver que sus cuatro películas exhibidas en el 2012, 2013, 2014 y ahora en el 2015 demuestran una eficiencia profesional y una continuidad de producción inigualable en Colombia. ¿A qué se debe esa constancia tan insólita en este medio?

Muchas gracias por el cumplido.

Como lo mencioné anteriormente, yo soy un apasionado por contar historias y mi sueño siempre ha sido poder realizar películas. Afortunadamente, no estoy solo y cuento con mi esposa, hermanos, y un gran grupo de amigos que son igual de apasionados y que encuentran gran satisfacción viendo las películas en las salas de cine sin esperar un retorno económico.

– Sus tres películas anteriores, ¿Por qué dejaron a Nacho si era tan buen muchacho?, Secretos y Nos Vamos Pal Mundial, tuvieron comportamientos ascendientes de taquilla de 44,148, 48,535 y 136,370 espectadores, respectivamente, con ganancias aproximadas de un poco más de $200 millones c/u de las primeras dos y alrededor de $447 millones de la última, ¿fue suficiente dinero para realizar la siguiente película o tuvo necesidad de conseguir financiación adicional o préstamos?

Fue suficiente. Nosotros como empresa,  con mi socio Francisco Bolivar, tenemos la intención de poder mejorar la calidad de nuestras producciones con el paso del tiempo pero estamos claros en que no queremos endeudarnos ni queremos tener que esperar a conseguir inversionistas ni prestamos adicionales. Hacemos las películas con los recursos con los que cuenta la empresa.

– ¿Se ha presentado a convocatorias del FDC o ha utilizado alguna vez los beneficios tributarios de la Ley de Cine?

Me presenté a una convocatoria pero no ganamos. No utilizo los beneficios tributarios de la Ley de Cine pero siempre cuento con los estímulos automáticos por espectadores como estrategia de retorno.

– ¿Considera que los Estímulos Integrales del FDC de un millón de dólares c/u son necesarios, beneficiosos, o simplemente sirven para darle más plata a los mismos de siempre?

En realidad desconozco quienes son o han sido los beneficiados por los estímulos del FDC pero siento que es muy sencillo evaluar qué tan buena es una inversión después de ver qué clase de película se hizo, en cuanto tiempo se realizó y qué resultados tuvo en la taquilla.

– ¿Tuvo problemas o sobrecostos para filmar Se Nos Armó la Gorda en Estados Unidos?

No, hicimos una pre-producción muy detalla y sabíamos muy bien cuales iban a hacer los costos totales antes de iniciar el rodaje. No hubo sorpresas y afortunadamente todo salió como se había planificado.

– ¿Qué cámara utilizó para filmar Se Nos Armó la Gorda?

Red Epic. 6K

– ¿El equipo técnico de Se Nos Armó la Gorda era de cuantas personas?

La hicimos 22 personas de los cuales 20 eramos colombianos.

– ¿En qué equipos hizo la posproducción (edición, sonido, mezcla y finalización en DCP)?

Editamos en mi casa en Final Cut, el sonido lo hicimos con la empresa Sónica de Camilo Montilla y la Finalización y DCP con Cinecolor.

– ¿Qué planes inmediatos tiene ahora para el 2015 después del estreno de su película?

Estoy trabajando en un guión, que si Dios quiere, arrancamos a rodar en abril.

– ¿Qué considera que ha sido, en su opinión, el éxito progresivo de cada una de sus películas dentro de un medio como el nuestro donde cada gasto se debe medir muy bien y donde no hay las posibilidades de lanzamientos –por ahora- estilo Dago García?

Para mi es importante lograr incrementar los seguidores que gustan de nuestras producciones y eso se va logrando película tras película. Desafortunadamente nosotros no contamos con el músculo publicitario que ofrecen RCN o CARACOL. Uno de los principales problemas que encuentran los colombianos cuando van a comprar la boleta de una película colombiana en el cine es que no saben con qué se van a encontrar y por lo general prefieren ir sobre seguro y entrar a ver una película comercial americana. Nosotros queremos que las personas cuando vean el afiche sepan con que estilo de producción se van a encontrar y decidan entrar o no entrar porque les gusta o no les gusta el tipo de película que hacemos pero queremos que no nos encasillen dentro de un género por ser una película colombiana. PARA MI EL SECRETO ES QUE EL ESPECTADOR IDENTIFIQUE TU PRODUCTO.

– Aunque puede ser una pregunta incómoda para cualquier productor, donde algunos exageran para arriba y otros para abajo, ¿sinceramente cuánto han costado sus películas?

Todas han costado menos de 700 millones de pesos.

– Sin tener en cuenta las eventualidades y haciendo las cosas como debe ser, ¿Considera que se puede vivir del cine en Colombia?

En mi caso, aún no. Pero espero poder hacerlo pronto.

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