Este año se cumplieron los diez años de la Ley de Cine 814. Sin intentar hacer un balance más objetivo de la Ley en este momento, hemos recopilado varios artículos que han salido en diferentes medios en los últimos meses opinando sobre los alcances de esta Ley, que ha resucitado literalmente al cine colombiano, que en los años noventa del siglo pasado estaba casi agonizando.

Hemos tratado de hacer un balance equitativo entre la visión color de rosa oficialista del Ministerio de Cultura y Proimágenes, la supuestamente objetiva de Mauricio Reina que -generalmente- mantiene una posición alejada en estos asuntos, pero que en este caso sigue los lineamientos de Fedesarrollo, que está intimamente ligado a los dos entes estatales que manejan la Ley, y la de los críticos independientes como Jerónimo Rivera, Oswaldo Osorio y nuestro colega y amigo que se esconde detrás del simpático seudonimo de “Anita de Hoyos”.

Como van a ver, todas estas opiniones son muy valiosas, pero basicamente siguen la pauta de las cifras oficiales y los intereses del gobierno, pero no empiezan a cuestionar ciertos aspectos más en detalle, que nos reservamos el derecho de hacerlo, pero dentro de unos dos o tres meses. Sin embargo, por ahora vamos a colocar unas cifras que pueden aclarar algunos puntos generales:

  • Se insiste en que la Ley impulsó al Cine Colombiano de un promedio de 3 películas anuales en los años anteriores a la Ley a más de 10 o 12 con la Ley, que es una cifra que no se ajusta a la realidad. El hecho es que la Ley empezó con el pie derecho al contar con más de treinta películas ya terminadas o en proceso de terminación en el año 2003, que fueron la base del cine colombiano en los siguientes tres años. Esta es la cifra más grande de producción que ha tenido el cine colombiano antes y después de la Ley de Cine. Por eso los primeros fondos de la Ley se utilizaron para ayudarle a diez de estas producciones en sus costos de posproducción y promoción antes de hacer la primera Convocatoria de Producción en el año 2005. Las 23 películas (incluyendo las de Dago García) que iniciaron este nuevo proceso, totalizan el 20.72% de las 111 películas exhibidas en Colombia desde el inicio de la Ley de Cine.
  • Aunque las cifras oficiales aparentan como si todo el cine realizado desde el inicio de la Ley tuviera apoyo de los fondos del FDC (Fondo de Cinematografía), la realidad es otra. La mayoría de las películas exhibidas en estos 10 años, 74 para ser exactos (o el 66.67%), fueron producciones que arrancaron sin ningún estímulo de la Ley de Cine. Posteriormente, 23 de estas películas recibirían $2’491 millones de pesos en premios de posproducción a través de Convocatorias del FDC en esta área. Películas tan importantes como Del Amor y Otros Demonios, García, Sin Tetas No Hay Paraíso, El Jefe, Saluda Al Diablo de Mi Parte, Porfirio, El Cartel de los Sapos, La Milagrosa y todas las realizadas por Dago García en estos años, no tuvieron ninguna clase de apoyo del FDC antes de sus estrenos en salas.
  • Se habla de cifras multimillonarias que ha invertido el FDC en el cine colombiano, pero no se hace mucho incapie que esas cifras se deben casi totalmente al extraordinario crecimiento del medio cinematográfico de exhibición en el país y a la tecnología del 3-D en los últimos cinco años y a películas de los grandes estudios de Hollywood, que han llegado casi a los tres millones de espectadores en algunos casos. En el 2003, cuando empezó la Ley, la asistencia a cine en Colombia era de 17 millones de espectadores al año pero, gracias al constante crecimiento anual, en el 2012 ya había subido a 41 millones.
  • Aparte de los estímulos no reenvolsables de la Ley de Cine representados en Convocatorias por concuso o automáticas, los Certificados de Inversión o Donación representan una parte muy importante de la financiación de una película al atraer inversionistas por medio de descuentos tributarios favorables. Sin embargo, esta parte de la Ley depende 100% del esfuerzo personal de cada productor y está basado en los buenos resultados de taquilla para que funcione a la perfección. Sin embargo, las cifras son engañosas ya que la simple autorización o registro no nos dice nada a no ser que la producción se haya realizado a satisfacción de todos los involucrados, donde la DIAN tiene mucho que ver, o -al contrario- son películas que nunca se han realizado y obviamente no tienen derecho al descuento sobre la supuesta inversión. De hecho, casi el 12% de las películas que han recibido esta aprobación por parte de Proimágenes, nunca se realizaron. Por otro lado, más de una docena de películas que han tenido de 1.200 a 2.700 millones de pesos en certificados, han sido algunos de los fracasos ecómicos más grandes de la historia del cine colombiano. ¿Y así quién se anima a invertir en cine colombiano?

Lo bueno, lo malo y lo feo de la Ley de Cine

Boletín de Prensa de SEMANA, 13 julio 2013

FOROS SEMANA: Productores, críticos, economistas, creadores y gestores estatales analizaron los logros y retos de la industria del cine a los diez años de la Ley 814 de 2003.

Al conmemorar los diez años de la Ley 814 de 2003 o de Cine, el balance para las producciones colombianas es significativo: se creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico que ha recaudado 80.000 millones de pesos a través de estímulos tributarios, el sector privado ha invertido 110 mil millones, la presencia del cine colombiano en el total de la taquilla pasó del 3 al 8,6 por ciento y el promedio anual de estrenos aumentó del 4 al 12 por ciento.

Sin embargo, persisten problemas estructurales para el desarrollo de la industria como la rentabilidad, la piratería, la ampliación del mercado, la distribución, el acceso a las majors y el mejoramiento de los circuitos de exhibición educativa y cultural del país.

Expertos en el tema –reunidos en el foro realizado por SEMANA, el Ministerio de Cultura y la Secretaría de Cultura de Medellín– al analizar lo bueno, lo malo y lo feo de la ley coincidieron en que hay avances en materia de producción, pero no así en la alfabetización de públicos y en la apertura de espacios alternativos para la exposición y promoción.

Mauricio Reina, crítico de cine, destacó que hace cinco años el problema era la oferta, hoy lo es la demanda. Alejandro Arango, de Contento Films, resaltó el apoyo de los inversionistas y Felipe Aljure propuso por su parte la titulación de los proyectos para fortalecer la financiación y la independencia en la producción.

En el escenario iberoamericano, productores como Juan Gugliotta de Argentina y Manoel Rangel de Brasil hablaron de la construcción de un modelo que integre a los países como alternativa de reconocimiento cultural y crecimiento económico, así como el uso de la tecnología para la exhibición de contenidos y evitar la concentración del mercado.

 

Cine colombiano, no es rentable pero promete

Publicado en la Revista DINERO.COM Julio 9, 2013

Son 10 años los que han pasado después de la promulgación de la ley 814 de 2003 o más conocida como la ley de cine en Colombia. ¿Qué ha cambiado esta norma para la industria? ¿Es rentable el cine en el país?

Los logros alcanzados en el cine colombiano han sido significativos pues, entre otras cosas, con la ley se creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, con el que se han recaudado $73 mil millones para la industria y el sector privado ha invertido $100 mil millones a través de los estímulos tributarios a inversionistas.

Herramientas como las que brinda la ley de Cine han permitido el aumento de la producción de películas, que pasó de un promedio de 4 filmes estrenados en salas, entre 1996 y 2003, a 23 largometrajes colombianos estrenados en 2012. De igual manera, ha aumentado el porcentaje de la taquilla colombiana respecto a la taquilla general, que en el período anterior había estado alrededor del 3%, desde la puesta en marcha de la norma ha estado alrededor del 8,6%.

Internacionalmente, el cine colombiano es reconocido en los más importantes festivales del mundo. Desde 2010, más de 125 películas y proyectos han participado en festivales, mercados y talleres a nivel mundial. El año pasado, la industria cinematográfica nacional se llevó 30 premios de la escena internacional.

La directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura, Adelfa Martínez, afirmó que “nuestras películas han sido seleccionadas en los mejores festivales del mundo: Cannes, Berlín, Venecia, Toronto, Locarno, Sundance y San Sebastián”.

Y aunque se han dado bueno pasos en la internacionalización del cine colombiano, éste sigue siendo uno de los grandes retos del sector, y esto se puede alcanzar, según Adelfa Martínez, con la ley Filmación Colombia que promueve al país como escenario de rodajes con empresas colombianas. “Esta nueva herramienta permitirá atraer nuevas producciones, en su mayoría extranjeras, que beneficiarán a la industria y contribuirán a su consolidación”, dijo y recordó que Colombia tiene en firme acuerdos de coproducción con Iberoamérica, Canadá y Francia.

Para la profesora de la Escuela de Cine de la Universidad Nacional y directora del festival de cine Equinoxio, Libia Gómez, “antes de la ley de cine no había cine, porque no había dinero para producir, se hacía una película cada cinco años, y ahora se hacen hasta 12 películas cada año, esto cambió las posibilidades de hacer cine y construir una cinematografía”.

Según Gómez, todavía no hay una industria cinematográfica consolidada en Colombia, porque falta que el sector privado se interese en este negocio e invierta, sabiendo que los resultados pueden verse a largo plazo.

¿Y la rentabilidad?

La directora de Equinoxio señaló que en Colombia el cine todavía no es rentable, pues “hay muy pocas películas que ha recuperado y logrado ganancias, pero lo que sí se está viendo ya es que la mayoría de las películas están recuperando la inversión y eso quiere decir que no hay pérdida. Eso es un cambio enorme, estamos logrando un punto de equilibrio”. Además uno de los grandes problemas que enfrenta el cine en el país es la falta de una política estatal de distribución, “que proteja los estrenos y películas colombianas en los cines, se necesita que las películas tengan más tiempo en las carteleras y todavía eso no se da”.

Sobre la rentabilidad, recientemente en una entrevista concedida al Diario del Huila, Silvia Echeverri, directora de la Comisión Fílmica Colombiana, dijo que esto se trata de una inversión de riesgo, en la que una película “puede ser muy rentable o no rentable, porque depende de los espectadores que se logren llevar a una película”.

Echeverri aseguró que existen cálculos que señalan que “un productor de cine colombiano puede recibir un dólar por cada espectador, entonces si uno hace 70 mil espectadores, esos 70 mil dólares a una película que puede costar 1.500 millones de pesos, entonces le fue mal. Pero hay películas colombianas, incluso las de Dago García, que hacen un millón quinientos mil espectadores, eso significa un ingreso de un millón quinientos mil millones de dólares”.

Y agregó que por eso son importantes los subsidios, por ejemplo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, “que pone el dinero que no tiene que devolver nunca y por el lado del incentivo tributario lo que se logra es que el riesgo del inversionista se reduzca sustancialmente porque él puede reducir de su renta 65 por ciento más de lo que realmente invirtió. Lo que eso hace es que la producción de la película cueste menos y que lo que haya que recuperar por taquilla no sean esos valores tan grandes”.

A 10 años de la Ley de Cine

Periódico EL COLOMBIANO Publicado el 6 de julio de 2013

Por JUAN DAVID MONTOYA

Un balance positivo a pesar de los enormes obstáculos es lo que deja en sus primeros diez años la ley 814 de 2003, mejor conocida como la Ley de Cine.

Convocados por la Revista Semana y el Ministerio de Cultura, representantes del sector se reunieron ayer en Plaza Mayor para hablar sobre “lo bueno, lo malo y lo feo” de esta legislación, una década después de sancionada.

Sobre lo primero: la triplicación en el número de estrenos. Un total de 89 mil millones de pesos ha recaudado el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC). 79 largometrajes han recibido el apoyo desde 2003. Gracias a estos recursos, el país pasó de un promedio de cuatro a 12 cintas cada año.

Advierte acertadamente el director Felipe Aljure que este crecimiento no solo se explica por la ley 814, sino también gracias a la considerable caída en los costos de producción.

Paralelo al crecimiento en el número de estrenos se ha registrado un aumento del público, del cual se alimenta el FDC. “En 2012 tuvimos 41 millones de espectadores, que ha sido el número mayor en la historia del cine colombiano. Representa un aumento del 92 por ciento en los últimos cinco años”, aseguró Adelfa Martínez, directora de cinematografía del Ministerio de Cultura.

Lo malo

A pesar del crecimiento, la industria nacional es incipiente en comparación con los grandes centros de producción. Contextualizó el crítico Mauricio Reina que los cerca de 44 millones de dólares que ha recaudado el FDC en una década no supera el presupuesto de una sola producción mediana de Hollywood.

Productores, directores y el mismo Gobierno coincidieron en que aún falta mucho en espacios de exhibición. A pesar de que el año pasado se registró la mayor afluencia a salas para ver cintas nacionales –el 7.8 por ciento del total de la taquilla–, este crecimiento está lejos de convertir las cintas nacionales en éxitos comerciales.

Una cinta como Lo Azul del Cielo, con el impulso del canal RCN y 57 copias, apenas logró convocar en su semana de estreno a 18.841 espectadores.

A FAVOR

LA NUEVA LEY DE CINE

En 2012 el Gobierno promulgó una nueva Ley, esta con el fin principal de incentivar la contratación de servicios cinematográficos colombianos. Esta ha sido la carta de presentación para tratar de traer a Medellín estudios de gran calado.

EN CONTRA

No son pocos los proyectos cinematográficos que financieramente terminan de la peor forma. Productores e inversionistas terminan jugándosela por un sueño. Aljure citó su caso. Más de cinco años después del Colombian Dream persisten las deudas.

Diez años de la Ley de cine: cifras y matices

Periódico EL COLOMBIANO Publicado el 28 de julio de 2013

OSWALDO OSORIO Comunicador social, historiador y crítico de cine

El cine colombiano está en el mejor momento de su historia, y eso es gracias a la Ley de Cine. Nadie puede contradecir esta afirmación, no obstante, tampoco es suficiente como para dar un parte de victoria, porque hay variables y matices en torno a esta ley y a la situación del cine nacional que aun se deben discutir.

Como siempre, desde la institucionalidad el balance es muy positivo, las cifras del cine colombiano en estos diez años han ido en una progresión muy alentadora. La cifra más significativa es que se pasó de tres películas producidas al año en promedio, antes de la Ley, a veintitrés estrenadas en 2012. Consecuentemente, la participación de nuestro cine en la taquilla aumentó considerablemente, superando los tres millones de espectadores.

Sin embargo, los informes oficiales no tienen en cuenta otros números y especificidades que empiezan a transformar ese panorama, como por ejemplo, que más de la mitad de esos tres millones de espectadores fueron a ver El paseo (Harold Trompetero ), o que varias de esas películas no alcanzaron siquiera los diez mil espectadores, o que lo exhibidores no les permitieron permanecer más de una semana en cartelera, o que por falta de recursos para su promoción más de la mitad de esas películas son desconocidas por el público, o que incluso muchas de ellas no se estrenaron en algunas ciudades.

Es necesario resaltar la importancia y beneficios de la Ley, sin la cual sería imposible tener el cine que hoy tenemos y, sobre todo, que ha sido manejada con la eficacia y transparencia que Focine (la anterior entidad de fomento al cine) nunca tuvo. Pero es indispensable cerrar la brecha que hay entre la mayoría de estas películas con el público, así como en ampliar y mejorar las estrategias de promoción y distribución.

Y aquí aparece el mayor problema de la industria del cine del país: el cuello de botella de la exhibición. En las reflexiones que se hacen sobre la Ley de Cine nadie le reclama a los exhibidores su ventajoso e indolente comportamiento ante las producciones nacionales: películas que esperan meses para ser proyectadas, que son sacadas de cartelera al primer fin de semana o a las que simplemente les cierran las puertas de sus salas. Y por el contrario, cuando Cine Colombia se refiere al asunto, hace alarde de todo el apoyo que le ha dado al cine nacional, solo con cifras miradas desde su perspectiva, por supuesto, sin las variables ni los matices.

En los balances que se han hecho sobre los 10 años de la Ley de Cine hay más preguntas que respuestas, y eso es bueno, que la gente del cine piense la industria nacional y la cuestione. Hay voluntad para mejorar las cosas y ahí está esa Ley que lo puede permitir. Ahora lo que hace falta es más acciones que balances y diagnósticos, hace falta aprovechar el buen momento y afinar las tuercas para que el cine nacional funcione mejor.

Análisis sobre el significado de esta ley

Artículo publicado el 21 de Julio del 2013 en el Periódico EL TIEMPO

MAURICIO REINA
Investigador de Fedesarrollo y crítico de cine.

A primera vista, la escena parece corriente. Varias personas discuten en un restaurante algo que les apasiona: hacer cine. El grupo abarca desde la directora de la primera película de la saga Crepúsculo, Catherine Hardwicke, pasando por productores de Hollywood, como Andi Isaacs (Piratas del Caribe 2 y 3) y Jeff Most (El cuervo), hasta el documentalista francés Denis Poncet, ganador de un Óscar. Todos coinciden en destacar la buena salud del sector cinematográfico que conocieron hace pocos días.

El episodio tuvo lugar la semana pasada en Bogotá, y el sector al que se referían era el colombiano. Esto no es importante porque se trate de extranjeros hablando bien del país, sino porque son profesionales de la industria del cine analizando la viabilidad de rodar en el país. Su conclusión es unánime: el sector cinematográfico colombiano tiene los recursos técnicos y humanos necesarios para cualquier producción internacional.

¿Cómo así? ¿Sector cinematográfico colombiano? ¿Recursos técnicos y humanos de talla internacional? Pero si hasta hace poco cualquiera que se presentara como director de cine en el país era visto con cierta sorna. Ahora, en cambio, no es raro que un muchacho les diga a sus papás que quiere estudiar cine y respalde su decisión con datos del sector. Uno de los más contundentes: mientras que en la década del 90 se estrenaban, en promedio, tres películas cada año, desde el 2003, esa cifra pasó a 11.
Este resurgimiento se debe en gran parte a la Ley 814 de 2003, mejor conocida como la ley de cine, que está cumpliendo una década de existencia. La oportunidad es propicia para hacer un balance de lo logrado y los retos que enfrenta.

La transformación

Una política que busque el desarrollo del cine colombiano debe plantearse, por lo menos, estos objetivos: fomentar la producción de películas nacionales, propender porque lleguen a la mayor cantidad de público posible, garantizar miradas libres y diversas sobre lo que somos, y propiciar las condiciones para que la actividad sea sostenible. Con esta ley el sector ha tenido logros importantes en varios de esos rubros, pero aún enfrenta grandes retos para garantizar su sostenibilidad.

Los mayores éxitos de estos 10 años se concentran en el fortalecimiento de la producción. De hecho, los dos grandes instrumentos creados por la ley hacen énfasis en el fomento de la oferta de cine nacional. El primero es el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), que se nutre de recursos aportados por los productores, distribuidores y exhibidores. La ley establece que al menos 70 por ciento de esos recursos se destinen a fomentar la producción, mediante estímulos otorgados en convocatorias abiertas. El 30 por ciento restante se dedica a apoyar programas de formación, preservación y distribución del cine nacional. El segundo instrumento consiste en el otorgamiento de incentivos tributarios a quienes hagan inversiones o donaciones a proyectos cinematográficos nacionales, quienes así garantizan la recuperación de parte de sus recursos como una reducción en el pago de impuestos. En estos 10 años, el FDC ha recaudado casi 90.000 millones de pesos y ha entregado más de 1.400 estímulos, mientras que se han entregado incentivos tributarios por unos 110.000 millones de pesos para la producción de alrededor de 115 proyectos cinematográficos. Como resultado de la aplicación de estos instrumentos, la producción de cine en el país se ha fortalecido de manera significativa.

Durante los 10 años de vigencia de la ley se han estrenado más de 100 películas colombianas, una tendencia que se ha ido fortaleciendo a medida que pasa el tiempo. El año pasado, los estrenos nacionales alcanzaron la cifra récord de 23, lo que contrasta con las tres películas colombianas que se estrenaban por año en los noventa.

Esta expansión del cine nacional ha abarcado una variedad de miradas sobre nuestra realidad. Al lado de comedias megataquilleras, como las dos entregas de El paseo, se han producido películas de autor cuyo valor artístico fue reconocido internacionalmente, como Los viajes del viento, La sirga y Porfirio. Esta diversidad controvierte la percepción común de que el cine colombiano muestra solo violencia, y se refleja en la multiplicidad de géneros de las cintas más taquilleras del periodo.
Esa expansión de la oferta de cine nacional ha estado acompañada por un aumento de la demanda, aunque no de las mismas proporciones. El año pasado, 3’400.000 espectadores pagaron por ver una película colombiana, una cifra nada despreciable que representó 8,2 por ciento de la asistencia total a cine. Aunque ese porcentaje no ha sido estable en los últimos años, supera el de otros países con mayor trayectoria cinematográfica como México, donde las cintas locales atrajeron menos de 5 por ciento de los espectadores en 2012.

No todo es color de rosa

Con el fortalecimiento de la producción, el aumento de la asistencia, la multiplicidad de géneros y la profesionalización del sector, cualquiera diría que el cine colombiano ya salió al otro lado. Sin embargo, esos logros penden de un hilo: el de la rentabilidad del negocio.

Hacer cine es una actividad cara, y la recuperación de lo invertido requiere de una gran cantidad de espectadores. Una película corriente en Colombia puede costar entre 1.000 y 8.000 millones de pesos, y aunque los esquemas de recuperación dependen del modelo de negocio de cada proyecto, una producción mediana con recursos de varias convocatorias debe tener alrededor de 500.000 espectadores para recuperar la inversión.

Varias de las cintas nacionales más taquilleras han superado esa cifra, pero muchas de las más de 100 películas estrenadas en los últimos 10 años no pudieron. Eso significa que muchos proyectos desarrollados gracias la ley de cine no han logrado su punto de equilibrio.

Si bien la posibilidad de perder es inherente al negocio del cine, en mercados como el gringo hay una mayor diversificación del riesgo, por la gran cantidad de películas que ruedan los grandes estudios, mientras que en Colombia una productora puede desaparecer con un solo proyecto fallido.

Los productores colombianos más veteranos reconocen que muchos de los que invirtieron en los albores de la ley del cine se han alejado de la actividad desencantados. Pero esos mismos productores han aprendido a los golpes y ahora encaran su trabajo con rigor empresarial. Hoy no es raro que el rodaje de una película esté antecedido por estudios de mercado y la optimización de los flujos de financiación, conformando modelos de negocio más realistas y que están atrayendo a una segunda generación de inversionistas.

Por eso ahora la política pública debe orientarse a la construcción de mecanismos para que las cintas nacionales lleguen a más espectadores, ya sea en nuestro mercado o en el exterior.

Hay que mirar hacia otros mercados

Aunque no hay fórmulas, es necesario encontrar caminos alternativos a las distribuidoras tradicionales que tienen como prioridad a Hollywood. También es fundamental la formación de nuevos públicos, pues muchos rechazan nuestro cine sin conocerlo. Es inaudito que las películas colombianas no lleguen al mercado de 500 millones de hispanoparlantes del mundo. Esto indica que hay que trabajar en intensificar la cooperación y la coproducción regional. He ahí una agenda para los próximos diez años.

Opiniones

Felipe Aljure
Director y guionista
“Lo malo es que de las tres patas que sostienen la Ley de Cine, solo se han desarrollado dos: deducción tributaria y convocatorias. Sin la tercera, que es la titularización, existe un vacío. Con esta más gente podrá invertir menos sumas, lo cual distribuye el riesgo y saca la inversión del campo de los mecenas y la abre al pequeño inversionista”.

Carlos Llano
Gerente de distribución de Cine Colombia
“Lo bueno: se hacen más películas y se ha profesionalizado más la actividad. Lo malo: que la buena o mala participación del cine colombiano en el mercado nacional depende casi que exclusivamente de cómo les vaya a los filmes de Dago García”.

10 años de nuevo cine colombiano

Publicado en el Blog El Tiempo del Cine del Periódico El Tiempo

Por Jerónimo Rivera el 9 de Julio 2013 9:46 AM

A los latinoamericanos nos gustan las etiquetas y los movimientos. Prácticamente en todos los países cinematográficamente activos de la región se ha acuñado alguna vez la frase “El nuevo cine…” y, por supuesto, se habló también en algún momento del “Nuevo cine latinoamericano”. La semana pasada se realizó en Medellín el foro sobre los 10 años de la ley de cine, convocado por la revista Semana, el Ministerio de Cultura y la Subsecretaría de Cultura Ciudadana de Medellín. Lo que más se discutió fue “Lo bueno, lo malo y lo feo” de la ley 814 de 2003 o ley de cine y su aplicación durante estos 10 años. A continuación, comentaré mis propias conclusiones desde esta orilla sin meterme para nada con la ley de 2012 (ley de filmación) que tiene un espíritu diferente, casi contrario, a la primera.

En la década de 1990 el cine colombiano experimentó una gran crisis al quedar completamente huérfano de parte del Estado luego de la liquidación de Focine y Colcultura, entidades que soportaron la producción audiovisual en medio de críticas y descalabros económicos; pero que también, hay que decirlo, permitieron la realización de algunos grandes títulos de la filmografía nacional. A pesar de no contar con el apoyo estatal y las difíciles condiciones de seguridad de la época, algunos cineastas se arriesgaron a la locura de realizar películas con resultados muy positivos en algunos casos. Aunque toda la década no pasó de más de una veintena de títulos estrenados, en ese privilegiado grupo se cuentan películas tan representativas como La estategia del caracol de Sergio Cabrera, Confesión a Laura de Jaime Osorio y La gente de la Universal de Felipe Aljure, en mi concepto algunas de las mejores películas colombianas de todos los tiempos.

La ley de cine de 2003 se hizo con la intención de apoyar el cine como elemento cultural imprescindible y creo que son pocos los que podrían cuestionar la importancia de su existencia, a pesar de las críticas que pueda generar su manejo en un sector tan complicado de la industria. Esto es, en mi concepto, lo bueno, lo malo y lo feo del sector cinematográfico nacional, 10 años después de la ley.

LO BUENO

Indiscutiblemente hacer una mayor cantidad de películas por año contribuye a construir industria y a cualificar el recurso humano. Técnicos, actores y realizadores pueden aprender más del oficio con cada nueva producción y esto ha llevado a que, por ejemplo, la calidad técnica en las películas colombianas haya mejorado considerablemente. Adicionalmente, hoy se han organizado gremios por sectores que contribuirán a temas fundamentales como la seguridad social de los profesionales de medio, acuerdos sobre tarifas y estándares profesionales.

Tener una mayor presencia en la cartelera, estrenando más de una película colombiana por mes ha sido también positivo porque el público general reconoce la existencia de un cine nacional y existe la sensación generalizada de que “ahora sí se hace cine en Colombia”.

Los apoyos en dinero para la producción de películas han permitido que muchos proyectos que no tendrían ninguna oportunidad de realizarse puedan verse en las pantallas. Este aspecto ha sido particularmente positivo en películas realizadas desde las regiones, aunque su impacto aun es mínimo y se sigue concentrando la inmensa mayoría de las producciones en Bogotá.

Una mayor cantidad de proyectos cinematográficos dinamiza la industria y genera competencia en calidad. Hoy hay empresas especializadas en cada uno de los procesos técnicos y muchos servicios que se hacían hace unos años en el exterior, hoy se hacen en el país, abaratando costos.

Los estímulos tributarios contemplados en la ley han dado una herramienta fundamental a los productores para buscar apoyos en empresas del sector productivo.

La administración del Fondo de Desarrollo Cinematográfico ha sido transparente y me consta que se han usado estrategias para que así sea.

El cine nacional tiene cada vez más presencia en los festivales y muestras más importantes del mundo y la buena calidad de algunas películas le han ido construyendo un prestigio, fundamental como impulso para su avance.

Las modalidades de las convocatorias relacionadas con temas como patrimonio, formación de público e investigación son muy importantes para la construcción de una cultura audiovisual nacional.

Los principales canales de tv del país se vincularon al proceso del cine, aunque no en las mejores condiciones.

Hoy se puede acceder a buena parte del cine colombiano en DVD a bajos costos.

LO MALO

Se habla mucho del aumento del público asistiendo a cine nacional (7,8 % de la taquilla en 2012), pero las cifras son engañosas. Si bien podemos ver que una mayor cantidad de personas asisten a las salas a ver películas colombianas, un buen porcentaje se concentra en pocos títulos (generalmente las comedias ligeras) y hay películas que pasan fugazmente por la cartelera con una asistencia de menos de 5 mil espectadores. Las dos entregas de El paseo, por ejemplo, levantaron las cifras aportando más de un millón de espectadores cada una en los últimos dos años.

Aun las películas más taquilleras en Colombia pueden ser un gran fracaso económico. A los altos costos de hacer una película se suman los de la promoción y las escasas posibilidades de financiación más allá de la directa de la taquilla. Sólo cinco películas en toda la historia del cine colombiano han superado la cifra del millón de espectadores, algo común para una producción de Hollywood, en un solo país.

No hay aun un modelo sostenible para realizar una película colombiana sin perder dinero. Es una realidad que Hollywood acapara el mercado y el cine nacional debe encontrar estrategias que le permitan conquistar pequeños nichos del mercado y hacer atractiva la inversión para quienes decidan apoyarlo.

La poca seriedad y rigor de algunos profesionales de la industria frente a los inversionistas, sumado a las bajas expectativas de retribución económica, han ahuyentado a empresas que podrían estar interesadas en apoyar películas colombianas.

Aun falta mucha difusión de las buenas iniciativas y proyectos que surgen gracias al apoyo del Fondo de Desarrollo Cinematográfico en materia de formación, investigación y patrimonio. Yo mismo he sido jurado varias veces de estos concursos y he constatado que la mayoría de los proponentes desconocen lo que se ha hecho en el país y repiten temáticas o proyectos ya realizados.

El público colombiano no quiere a su cine. Un amplio sector del público ve con malos ojos las películas colombianas y habla mal de su cine con base en el conocimiento de muy pocos títulos.

Las buenas películas colombianas que han obtenido premios significativos en el exterior no han tenido muchas veces una buena respuesta del público ni algún incentivo adicional por su labor en la promoción del cine colombiano en el entorno internacional.
Ha faltado, de parte de productores y exhibidores, mayor organización en los calendarios de lanzamiento de los títulos nacionales. Hemos tenido semanas sin ninguna película y algunas en donde han estado hasta cinco películas colombianas peleando por una pequeña porción de la taquilla.

LO FEO

El monopolio de las salas de parte de las “6 big majors” norteamericanas (gigantes compañías que producen y distribuyen las películas en todo el mundo) es abrumador. Como en todo el mundo, las salas colombianas están llenas de películas de alto presupuesto y efectos, producidas por los grandes estudios que acaparan la taquilla. La ley no establece algún tipo de protección o incentivo a las salas que proyecten cine colombiano frente al cine de Hollywood que genera más de 80 mil millones de ganancias anuales. Una buena iniciativa sería la construcción de una red estatal de cines para la proyección de películas latinoamericanas e independientes.

Como resultado de estas negociaciones entre las majors y los exhibidores, en todos los países latinoamericanos las posibilidades de intercambio de películas son muy reducidas. Es absurdo que en un mercado potencial de tantos millones de espectadores hablando el mismo idioma, nunca lleguen títulos de los países vecinos.

Los exhibidores no dan al cine colombiano la oportunidad de recaudar suficiente dinero en taquilla al impedirles pasar, en muchas ocasiones, del primer fin de semana. En otros casos, se relegan a salas poco representativas o a horarios complicados para el público.

Los canales privados de tv consolidaron sus departamentos de cine para apoyar el cine nacional, pero esto no siempre ha sido efectivo. Dicho apoyo muchas veces no pasa de la promoción en los espacios del canal y la firma de contratos de difusión desfavorables para los productores.

Falta camaradería, colaboración y solidaridad entre algunos productores. Como sector industrial en crecimiento, no se puede pensar en competir con el gigante sin elaborar estrategias colaborativas.

QUE NOS QUEDA…

En mi concepto, la ley de cine es mucho más positiva que negativa. Lo malo y lo feo son oportunidades para mejorar y, en muchos casos, se trata de la inmadurez natural de un sector que he llamado como “cine adolescente” (ver artículo aquí). Hace algunos años, Jack Valenti, Presidente de la MPAA, mencionó “En una época el mundo descubrió que nosotros hacíamos los mejores aviones y decidieron dejar de producirlos para comprarlos a los que saben. Nosotros sabemos hacer películas, ¿Para que insisten ustedes en hacerlas?”. La respuesta a esta pregunta es muy clara: Para no olvidar quienes somos y contar nuestras propias historias.

Diez años no es nada (I)

Publicado online Domingo, 28 de Julio de 2013 en elespectador.com

Por: Anita De Hoyos / Especial para El Espectador

Veinte tampoco, como lo canta Gardel. Las cosas se mueven despacio y antes de lograr el mundo ideal que queremos, las nieves del tiempo blanquearán nuestra sien. Y sin embargo, en esta tierra plagada de dificultades hay muchos que quieren soluciones fáciles y rápidas. En el caso de la Ley de Cine, que acaba de cumplir diez años, los impacientes abundan. ¿Cómo es posible que después de tanto tiempo no tengamos un premio Óscar? ¿Por qué cada vez que uno va a ver una cinta colombiana sale del teatro entre cariacontecido y resignado, pero nunca con entusiasmo? ¿Hasta cuándo las únicas películas que llevan gente a los teatros serán las de Dago García?

Son muchas preguntas. Algunas razonables, otras ingenuas y otras de mala leche. Pero podríamos reunirlas en un tremendo y único interrogante: ¿ha servido para algo la Ley de Cine?

Empecemos por admitir que no fue fácil llegar a donde estamos. Lo de ahora puede parecer mediocre, pero está muy lejos del desastre que habitamos el siglo pasado, donde hacer cine era empresa de locos y los que se atrevían terminaban vendiendo la casa y el carro para pagar la quiebra. Ochenta años para lograr una docena de películas que en general eran ejercicios rústicos a los que sólo nuestro patriotismo justificaba. Pero igual. El sueño de tener un cine nacional nos seguía acosando con el mismo apremio de otras ambiciones imposibles, como ir a un Mundial de Fútbol o participar en un Tour de Francia. Y nada que se nos daba. ¿Por qué? ¿Acaso estábamos destinados a ser invisibles en un mundo de seres superiores que sí tenían derecho a verse y a que los vieran?

Así íbamos. Gobernados por el complejo del subdesarrollo, al que respondíamos con una producción cinematográfica lánguida, apoyada por una legislación sin dientes y limitada por un mercado estrecho. Cero laboratorios nacionales donde corregir color, sacar copias o imprimir bandas de sonido óptico. En la producción, casos aislados como el de Víctor Gaviria, que apoyado en la plata de un fabricante de yogures logró llevarnos a Cannes. Divertimentos llenos de veneno como los de Mayolo y Ospina, que parecían promisorios en un mediometraje, pero que nunca tuvieron la solidez para aguantar 90 minutos. O películas simplonas y mal hechas, como las dirigidas por Gustavo Nieto Roa, que a pesar de tener taquilla no bastaron para que la industria del cine nacional despegara.

Todo esto mientras en otros frentes lográbamos dar el salto. Llegaron los mágicos 70 y los gloriosos 80. Cochise fue campeón mundial, el Kid Pambelé hizo lo suyo y el Happy Lora también. Marroquín tuvo sus once y un médico filósofo nos dirigió en tres mundiales de fútbol. Es cierto que no hicimos mucho en esos mundiales, ¿pero alguien duda que le ganamos a Argentina cinco a cero? ¡Existíamos! ¡Lucho Herrera pintó con su sangre las carreteras de Francia! ¡Hasta un Nobel nos ganamos, carajo! ¿Cuándo le iba a llegar su turno al cine? ¿Era cierto ese lugar común que nos sentenciaba a tener triunfos individuales y esporádicos porque éramos un pueblo condenado a la soledad donde sólo los esfuerzos aislados de un boxeador, o un ciclista, o un narrador genial lograban expresar nuestro talento? ¿De verdad éramos tan malos para pensar en conjunto, como se requiere para hacer una buena película?

Era lo que había cuando se aprobó la Ley de Cine. Y es lo que ha cambiado en los últimos diez años en los que se han realizado más de 90 largometrajes. Siete veces más cine nacional que en todo el siglo pasado. Organización, recursos, trabajo y los resultados se ven. Laboratorios colombianos que trabajan con unos parámetros de calidad competitivos internacionalmente. Un equipo humano de directores de fotografía, editores y productores que crecieron en un ambiente de tecnología digital. Llegada al país de productores internacionales que trabajan usando nuestros escenarios y nuestra gente. Un acuerdo entre Gobierno, gremios del cine e industria privada que ha puesto las bases de un escenario en el que todos ganan. Apoyo a las películas colombianas en todas sus etapas: creación de guiones, producción y posproducción, exhibición, promoción y archivo de esta memoria de imágenes que una nueva generación está creando para dejar un testimonio de lo que somos.

Los cimientos del negocio están en el recaudo de un impuesto por boleta vendida, en unos estímulos fiscales para su producción y exhibición y en la administración seria de estos recursos. La plata del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica y sus entes conexos llega a todos los sectores de la industria, estimulando la creación de decenas de empresas dedicadas al cine. Estas empresas no se limitan a vivir del apoyo estatal; en este momento están gestionando nueve coproducciones que se filmarán en Colombia con dineros gringos y europeos. Todo esto sin un solo escándalo por corrupción, sin la menor sombra de saqueo o peculado. Este manejo transparente de los cincuenta millones de dólares que se han invertido en cine es milagroso. Igualmente milagrosa es la continuidad de una política cultural que no se ha dejado someter a los vaivenes del gobierno de turno y que mira hacia delante, luchando por consolidar unas metas de largo plazo.

Esto es una democracia, insiste Claudia Triana, la directora del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica. Esta afirmación simple, que puede sonar demagógica, es una realidad que funciona en el microcosmos del cine colombiano, en el que los proyectos se aprueban sin consultar su pureza ideológica o su vinculación con “palancas”. Jueces internacionales y nacionales que son profesionales del cine o de la academia, y que rotan cada año, garantizan un amplio espectro ideológico y estético, donde no hay censura. Al no contaminarse con la selección de lo que apoya, el Fondo preserva su imagen de ente administrador y tiene cero tolerancia con la politiquería. Pero, sobre todo, se ha marginado del problema de la “calidad” de las películas que se hacen. Si las cintas colombianas no son “buenas”, no es su cuento porque en Colombia no se hace un cine “oficial”. Aquí, los realizadores tienen libertad para equivocarse. ¿Cuántos países pueden decir lo mismo?

Podríamos seguir enumerando milagros, pero despertaríamos sospechas. El que elogia arriesga en un país que tiene razones para desconfiar de todo. Si queríamos lectores, debimos irrumpir en el tema como un elefante en una cristalería, arrasando con la Ley de Cine y aprovechando que en Colombia tiene más auditorio el que habla mal de algo que el que habla bien. Pero tal vez no sea demasiado tarde para darle gusto a la galería. Dejemos a un lado las cualidades de la Ley de Cine y entremos en ese territorio de sombra donde se sienten cómodos los “críticos”. En la segunda parte de este artículo responderemos a las preguntas del millón: ¿por qué —si la Ley de Cine es tan chévere— no hacemos mejores películas? O para ser más precisos: ¿por qué las “buenas películas” no tienen público y las “malas películas” sí? ¿En qué momento atroz Harold Trompetero se volvió un gurú de la cultura?

Diez años no es nada (II)

Publicado online Lunes, 29 de Julio de 2013 en elespectador.com

Por: Anita De Hoyos / Especial para El Espectador

El cine no es un arte, aunque pueda llegar a serlo. Tampoco es un ejercicio didáctico o político, aunque algunos pretendan reducirlo a eso. El cine es show business, circo de variedades, entretenimiento masivo. Entonces es lógico que unas películas que gravitan alrededor de propuestas “artísticas”, de “identidad cultural” o de “denuncia” no tengan acogida. Esa es la realidad. No sólo en Colombia sino en el planeta, donde el cine de entretenimiento puro es el que se lleva las grandes tajadas de taquilla.

Desde luego, el que algo exista no basta para que nos resignemos a soportarlo. Si fuera así, seguiríamos perseguidos por tigres dientes de sable o sometidos al escarnio de la esclavitud. Cada cual es libre de luchar por lo que los optimistas llaman “un mundo mejor”. En el caso del cine, el abismo entre lo que queremos ver y lo que nos dan existe y hace rato es una obsesión de la crítica. ¿Por qué las películas se mantienen en esa triple frontera donde se dan cita las bajas pasiones, la violencia exagerada y el mal gusto?

En 1922, la mente lúcida de Luis Tejada entendió el problema como un fenómeno de mercado y adjudicó la responsabilidad a la demanda del público. “Para la mayoría de las gentes”, escribe don Luis, “una novela realista es, con razón, lo más aburridor que hay en el mundo; porque la mayoría de la gente ama lo absurdo posible, lo inverosímil real. Y como no lo encuentra en los libros, va a buscarlo al cinematógrafo, donde se presenta bajo las formas más sencillas, fuertes y exaltantes”. Más claro, difícil. Y sin embargo, no lo escucharon. Y si no escucharon a don Luis, que era un genio, seguro no lo harán conmigo, que escribo y pienso bastante peor. Pero igual, insistamos. De la calumnia, algo queda.

La mayoría no sueña con utopías sociales, sino con epopeyas aspiracionales. Y en Colombia se hacen pocas películas de superación personal. Enaltecer el arribismo es un pecado que los realizadores nacionales evitan de manera sistemática, esquivando el melodrama y contando tragedias que les cierran el camino con el público. Pero todavía más grave: siendo espectáculo de masas, el cine tiene exigencias de “moralidad” que un productor debe reconocer. En Colombia, en el año 2012, las quince películas más taquilleras tuvieron clasificación para todos. Cintas que podían verse —y se vieron— en familia, con los chinos y la abuelita. Pero claro, en este país tampoco se hacen películas familiares porque para muchos la inocencia es una falta de compromiso con la realidad áspera que el cine nacional debe reflejar. En estas condiciones, casi todas nuestras cintas están tan cargadas de sexo, malas palabras y violencia injustificable que es una maravilla que las pongan para mayores de 18. Deberían ser para mayores de 35.

Igual pasa con el problema “artístico”. Es legítimo que un director de cine quiera expresarse. Pero es peligroso. Al tratar de complacerse a sí mismos, algunos se olvidan de los demás y el mercado les cobra su egolatría con cifras en rojo. Un director de cine que quiera sobrevivir respeta las exigencias de su público y responde a ellas sin agredirlas. Y para eso necesita trabajar modestamente durante años en el duro oficio de conocer sueños ajenos. Los iluminados que poseen una verdad interior deberían escribir poesía o pintar cuadros, actividades ciento por ciento creativas donde están más cómodos con sus obsesiones y no desencantan a ningún inversionista.

Por si algo faltaba, las cifras del negocio del cine no son la danza de millones que muchos creen. Sólo Hollywood puede enfrentar presupuestos de centenares de millones de dólares. ¿Pero cuántas películas de estas se hacen al año? ¿Ocho, tal vez diez? El resto son cintas que para ver la penumbra de los teatros pasan el tarro durante años y se arriesgan a perderlo todo. En Gringolandia, la mayoría de las películas que se empiezan a rodar jamás se terminan, y de las que se terminan sólo algunas escogidas llegan a las salas de cine. Las demás deben conformarse con recuperar sumas mínimas en los canales de cable. En España, este año sólo una película ha recaudado más de cinco millones de euros. En Colombia, sólo cuatro películas nacionales tuvieron ganancias en 2012. En estas condiciones, hay que apostarle a lo seguro.

En Colombia —así se tenga el apoyo de la Ley de Cine—, una película que tenga menos de 300.000 espectadores no gana plata. Con una media de entradas de 150.000, el mercado nacional de cine es un matadero. No es un asunto de una ley inadecuada, de campañas de publicidad sin recursos, del maltrato de los exhibidores que no le dan oportunidad al cine nacional. Ni siquiera se trata de la calidad de las películas. Es sólo que no hay cama pa’ tanta gente. La estrechez del mercado hace que Argo, una película bendecida con el Óscar y protagonizada por Ben Affleck, tenga 97.000 espectadores. Carnage, la última película de Polansky, sólo tuvo 8.000. En estas condiciones, el comportamiento de cintas como Apaporis (47.000), Sofía y el terco (50.000) o La lectora (200.000) es épico. Y películas como San Andresito (303.000) o La cara oculta (612.00) son blockbusters.

Por eso, Dago García y Harold Trompetero. El paseo 2 vendió 1’432.000 boletas y consolidó una marca. Lo que era apenas necesario, porque todas las películas que lograron superar el millón de espectadores el año pasado fueron secuelas. Y no fueron muchas, apenas nueve, una selección de mega-blockbusters producidos en 3D donde la película colombiana hace un honorable quinto lugar, superando a cintas como The Amazing Spiderman, Life of Pi y Wrath of Titans. El paseo 2 logró sacarle a Men in Black 3 y a Skyfall 700.000 espectadores de ventaja. Los dobló en recaudación. Increíble. Así que alístense para la cola de El paseo 3.

Pero en este cine que triunfa sin pretensiones, donde los productores sensatos ven una señal de esperanza, la mayoría de los realizadores ve una amenaza. Con un criterio miope y —¿por qué no decirlo?— intelectualmente arribista, la kultur desprecia películas como Mi gente linda, mi gente bella y las asimila a lo que no hay que hacer: cintas falsas, que eluden la realidad y que se arrastran por el piso buscando complacer al público con trivialidades.

Con el debido respeto, esto es una tontería, porque no se trata de hacer lo que hacen Dago o Trompetero, personajes que entre otras cosas tienen sus méritos y son difíciles de imitar. Se trata de reconocer el camino que ellos abrieron y que se puede recorrer de otra manera para llegar al mismo público, que es el único público posible. Películas familiares, que transmitan un mensaje simple y esperanzador. Esta recomendación será recibida con abucheos por parte de la “inteligencia”, pero sin ánimo de tropel me atrevo a aconsejarles a los compañeros de viaje que revisen sus prioridades y que si les interesa tanto cambiar el mundo, renuncien al cine y se metan de cabeza en la política. Y a los artistas, que hagan poesía o pinten cuadros. Pero que no se pongan a hacer películas, porque se quebrarán, como ya lo están haciendo.

Diez años después de la Ley de Cine colombiana

Bogotá D. C., jul. 24 de 2013 – Agencia de Noticias UN-

Hace diez años se promulgó la Ley del Cine con el propósito de impulsar la actividad cinematográfica en Colombia. Expertos analizan el panorama actual.

Oswaldo Osorio, comunicador social y periodista, historiador con Maestría en Historia del Arte, crítico de cine y docente Universitario, indicó al programa UN Análisis* de UN Radio: “En comparación con otras épocas, el cine colombiano está en su mejor momento gracias a esta ley, que ha permitido que se dispare la producción. Incluso el año pasado se estrenaron tres películas, algo que nunca se había visto en el país, lo que implica que hay diversidad y aumento en la calidad”.

Sin embargo, el académico también indicó que hay matices por mejorar, porque no se puede hablar de cine solo con cifras: “Hay que afinar ese cuello de botella de la exhibición porque la mayoría de las películas no están y el cine colombiano es invisible, sobre todo en relación con el público”.

Al respecto, Rodolfo Ramírez, profesor de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, recordó la legislación: “Esta es una ley de lo que llamaríamos el proteccionismo, que en el resto de América Latina se ha venido implementando como una protección a la industria de los países. Es el apoyo a los propios mercados de decisiones que se hacen a favor de la nación”.

En un época se satanizó este tipo de medidas y fue polémico porque no se podía proteger la industria nacional, dado que había que entrar en una libre competencia con los extranjeros. Precisamente, esta ley plantea una vigilancia nacional con la creación del fondo para el desarrollo cinematográfico y el otorgamiento de estímulos tributarios para inversiones y donaciones a proyectos, además de la titulación de los trabajos cinematográficos.

Henry Laguado, director del Festival de Cine de Bogotá, afirmó: “Es una ley muy positiva en beneficio del cine colombiano. En el 2003 se hacían unas tres películas, pero luego de entrar en vigor la legislación empezó a incrementar la producción. Me parece que los exhibidores tienen un negocio y no son casas de la cultura. Una forma de solucionar este problema sería si en los presupuestos de las películas se incluyera promoción y publicidad, lo cual no se hace a excepción de películas como las Dago García que está asociado a un canal de televisión que promueve sus trabajos”.

Se dice que si una película cuesta un millón de dólares, la publicidad cuesta el doble, pero si no se hace no se va a conocer y, por lo tanto, nadie va a ir. “La ley de cine no paga todo lo que cuesta una producción cinematográfica, se trata de vender y mostrar la cultura para que se evidencie ante el público y se cuente con audiencia suficiente”, agregó Laguado.

Por su parte, Armando Russi, profesor de la Escuela de Cine y Televisión de la UN, precisó que “hay cosas interesantes pero otras lamentables. Hay una promoción a la producción y la distribución pero falta formación de públicos, se debe velar por un público real”.

A su vez, Adelfa Martínez, comunicadora social y directora del Área de Cinematografía del Ministerio de Cultura, hizo un balance de lo que ha sido la ley desde su inicio: “Definitivamente, ha traído un crecimiento importante para el sector. El hecho de tener dos herramientas de presupuesto destinadas directamente a la producción sin depender del presupuesto nacional es importante.

En estos años se han recaudado y entregado unos 220 mil millones de pesos que permiten incrementar el promedio de producción cinematográfica, además de incrementar la creación de empresas para ofrecer servicios para el sector con sus respectivos profesionales, lo que permite una interlocución directa y favorable para la concertación de desarrollo del cine, entre otros aspectos”.

Finalmente, Juan Diego Caicedo, realizador y crítico de Cine y Televisión, profesor de la Facultad de Artes y del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UN, indicó: “La ley ha favorecido a los grandes distribuidores y exhibidores de Colombia, pero no contribuye a fomentar la audiencia. Además, en los medios de comunicación fomenta muy mal cine, así que no creo que sea para celebrar”.

La Ley que hizo florecer el cine colombiano

ELPAIS.COM.CO – Lunes, Julio 15, 2013

Por: Ricardo Moncada Esquivel | Periodista GACETA

Con 22 películas estrenadas el año pasado, el cine nacional vive el mejor momento de su historia gracias al desarrollo de una política pública que ha fortalecido el sector. Pero aún queda mucho camino por recorrer.

La última década se convirtió en el renacimiento del cine nacional gracias al impulso que dio la Ley del Cine.

En la última década, el cine colombiano ha experimentado una aceleración sin precedentes en su historia. De rodar tres películas por año pasó, a corte del 2012, a proyectar 22 filmes. Y mientras en el 2003 un 3.3% de los colombianos iba a ver películas nacionales, el año pasado la asistencia fue de 7,8%, es decir un poco más de 40 millones de espectadores.

Estas cifras, que llaman poderosamente la atención, las cita el Ministerio de Cultura al cumplirse diez años de la creación de la Ley 814 de 2003, mejor conocida como Ley de Cine. Una norma que ha impulsado la producción audiovisual nacional mediante la creación de estímulos tributarios que permiten a un contribuyente deducir $165 de su renta por cada $100 que invierta o done en un proyecto cinematográfico nacional.

Al mismo tiempo, la Ley creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, regido por Proimágenes, que se nutre de un impuesto a las taquillas de cine de tal manera que el 70% de esos recaudos se entregan a los nuevos proyectos cinematográficos y al sector en forma de estímulos a través de convocatorias a cargo de un jurado internacional.

De acuerdo con las cifras de Ministerio de Cultura, este fondo ha recaudado en esta década cerca de US$41 millones que se han invertido en la realización de más de mil proyectos en sus diferentes fases, “desde escritura de guiones, producción y posproducción, así como para la internacionalización del cine, su preservación y la formación de públicos en el país”.

Estas nuevas condiciones supusieron dejar atrás el drama que significó hacer cine para las primeras generaciones de realizadores colombianos, quienes luego de empeñar hasta la finca de la abuela y de luchar por cinco o más años, lograban, por fin, hacer la película que tanto habían soñado, muchas veces en precarias condiciones técnicas y pérdidas onerosas.

De acuerdo con Mincultura desde la creación de la ley del cine se han entregado un total de 79 premios para la producción de largometrajes, 40 de ellos para películas dirigidas por directores con más de un largometraje y 39 para óperas primas.
Según la entidad, desde el 2010 más de 125 películas y proyectos han participado en festivales, mercados y talleres internacionales. El año pasado, dichas producciones obtuvieron 30 premios alrededor del mundo.

Y de manera complementaria, el año pasado se aprobó una nueva norma, la Ley 1556, que crea el Fondo Fílmico Colombia con el propósito de incentivar a los productores del mundo para que rueden sus películas en escenarios de nuestro país contratando los servicios del sector.

Entre lo bueno y lo taquillero

Tan buenos resultados han generado gran optimismo en el sector. Sin embargo, al mirar cada aspecto en detalle, lo que queda claro es que el proyecto de establecer una industria cinematográfica en Colombia ha tenido un buen comienzo, pero el camino por recorrer es más extenso que un largometraje.

Por ejemplo, del 4.1 millones de entradas vendidas el año pasado, poco más del 83% correspondió a cinco películas: ‘El paseo 2’ que recaudó 1.4 millones de boletas, mientras que a producciones como ‘Mi gente linda, mi gente bella’; ‘La cara oculta’; ‘El cartel de los sapos’ y ‘Sanandresito’ ingresaron 1.9 millones de espectadores, es decir el 48.5%.

Las 18 restantes cintas, entre ellas ‘Chocó’, ‘180 segundos’, ‘La Sirga’, ‘Apaporis’, ‘La playa D.C.’ -muchas de ellas premiadas en festivales dentro y fuera del país- obtuvieron solo un 16,4% .

La causa de esta situación proviene de varios factores, relacionados con dificultades en la distribución y exhibición de nuestras películas tanto en el mercado doméstico como en el internacional, a carencias en la formación de públicos, pero también a la falta de propuestas que sin perder su calidad artística calen en el gusto de las audiencias.

Pocas pantallas

El tema de la circulación de las películas en el país es bastante complicado, pero común a los países de América Latina. Basta con tener en cuenta que Colombia hay 690 pantallas ubicadas tan solo en el 4% del país, pero que el 75% de ese índice está ubicado especialmente en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla y, peor aún, la mitad de ese 75% está en la Capital del país.

La directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura, Adelfa Martínez, explicó que la gran mayoría del país no tiene acceso al cine en general y en particular al cine nacional. “Para fomentar los espacios de formación estamos aprovechando las casas de cultura, bibliotecas públicas y cineclubes. A ellos les estamos entregando la Colección Colombia de Película a través de la cual el Ministerio adquirió los derechos de 90 producciones recientes entre largos, cortos documentales y de ficción, con el fin de que, por un lado, nuestras películas circulen a nuevos públicos, pero también que estos públicos tengan la oportunidad de conocer otras formas estéticas más allá del cine de Hollywood”.

Los cineastas

Reconocido por sus filmes ‘La gente de la Universal’ y ‘El Colombian Dream’, el director y productor Felipe Aljure fue pieza clave en la construcción de la Ley de Cine en calidad de primer encargado de la dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura.

El director señaló que la Ley ha permitido avances muy importantes. “Pero hay que entender que venimos de muy lejos y todavía queda mucho camino por andar. En el campo de los espectadores, por ejemplo, este año se aspira a llevar a un colombiano a las salas de cine por año, una cifra muy por debajo de México que con cien millones de habitantes es de 1.6 espectadores o de Estados Unidos que con 300 millones es de 3 espectadores por año”.

Productor de cintas como ‘Todos tus muertos’ y ‘180 segundos’, el caleño Diego Ramírez, es de los que opinan que quienes realizan cine en Colombia deben explorar otros tipos de contenidos, de géneros e historias. “Tenemos la obligación de acercarnos al público y cambiar esa mentalidad de que es el público el que debe acercarse al cine. Con esto no quiero decir que hay que hacer tal o cual forma de cine”.

Esa falta de audiencia, además genera que el mercado sea muy pequeño para la incipiente industria. “Pienso que es una función del Estado el hacer una inversión que equilibre las imperfecciones del sistema, porque hacer cine aquí no es como se piensa, más barato que hacerlo en Estados Unidos o Francia. La diferencia está en el mercado que ellos tienen comparado con el nuestro, además de una menor capacidad adquisitiva, entonces hay una falla estructural en la cual el Estado debe tomar cartas”.

Por su parte, el director caleño Alexander Giraldo reconoce que la Ley de Cine le dio la posibilidad de desarrollar su carrera desde sus inicios, pero señala que la conquista de la audiencia sigue siendo para él un misterio. “Hay que entender que hacemos parte de una cinematografía muy joven. Algunos argumentan que había mucha temática de violencia en las películas, pero en realidad es un cliché, porque si uno se fija cada vez hay más variedad. Si bien muchas plantean conflictos sociales, también hay temas amables”.

Es por ello que para su nuevo proyecto, ‘Tiempo perdido’, ha desarrollado estrategias utilizando las redes. La idea es crear comunidad en torno al proyecto para ir conquistando al público enterándolo a través de blogs y ‘twitcam’ sobre los pormenores del rodaje”.

Giraldo agregó que un camino importante es crear presupuestos acordes al mercado. “No podemos hacer películas pensando que irán millones de personas a verlas cuando ese mercado aún no existe”.

El realizador considera también que hay que explorar alternativas en la comercialización de las películas. “Está la coproducción internacional, la difusión a través de canales de televisión, la comercialización por el sistema pague por ver en internet o de DVD. Todo ello implica que debemos ser más creativos”.

Distribución, el gran reto

Con su ópera prima, ‘Chocó’, el director y productor Johnny Hendrix Hinestroza, llevó a la gran pantalla un trozo de la vida del Litoral Pacífico y ese proyecto lo pudo realizar en buena parte gracias a la Ley de Cine.

Para Hinestroza, a pesar de que esta ha permitido fortalecer el sector en su profesionalización, faltan muchas cosas, entre ellas mirar el proceso de distribución y promoción de las películas. “Mientras la producción de películas es una puerta amplia, la distribución se convierte en una ventana muy pequeña. Si bien hay la impresión de que los distribuidores son los únicos beneficiados, pienso que más allá de que eso, lo que sucede es que no hemos aprendido a usar esa ventana de la distribución bien”.

El cineasta agregó que se debe trabajar para que desde las leyes y los organismos se posibilite ese buen diálogo entre exhibidores, distribuidores y productores, en el que se garanticen unos mínimos de participación de nuestras películas en la distribución.
Para el director chocoano esa es una falencia enorme que no logra superar la Ley. “Es un aspecto que requiere ser estudiado en búsqueda de soluciones, porque entendemos que la exhibición y la distribución están en la esfera privada y tal vez las medidas que se tomen desde el Ministerio no tengan poco efecto”.

Desde la crítica

En cuanto al contenido de nuestras películas, el crítico y cineclubista Rodrigo Vidal señaló que la Ley de Cine permitió pensar este arte ya no desde el cine de autor sino como un asunto de industria, dándole importancia al productor. “La estructura de la Ley hace que ya se tenga que pensar en el producto final y a la vez ha permitido la especialización de los diferentes roles en la realización cinematográfica lo cual se refleja en que ahora tengamos películas con buenos estándares de calidad”.

Vidal opina que en la parte de guiones, antes el cine miraba su realidad a través de historias costumbristas. “Ahora se mueve sobre diversos ejes, lo político y social, pero también lo cotidiano o los problemas juveniles. Desde luego todavía hay mucho camino por avanzar”.

Henry Laguado, director del Festival Internacional de Cine de Bogotá, dice que la Ley de Cine fomentó la producción audiovisual, pero debe prestarse atención en los criterios de selección de los proyectos respecto a su viabilidad comercial. “Encontramos que hay películas que artísticamente son buenas, pero nefastas en la taquilla. Pienso que la publicidad es un aspecto clave y desafortunadamente en el país los medios de comunicación son en principio apáticos a apoyar estos proyectos”.
Laguado destacó en el sector de la producción el trabajo que realiza Dago García. “Él es nuestro nuevo Jairo Pinilla o Gustavo Nieto Roa, no solo porque consigue con sus películas tocar las fibras del público común. Pero ni siquiera importa el tipo de cine que está haciendo, sino que está permitiendo generar escuela y oportunidades laborales para muchos trabajadores del sector audiovisual”.

En contraste, Germán Ossa, crítico de cine y director de los Encuentros Nacionales de críticos y periodistas de cine que se realiza en Pereira, se lamentó que el éxito de nuestro cine esté determinado por las producciones de Dago García. “No le aportan nada a la formación de públicos con sus terribles cintas, tienen la capacidad de dañar a directores talentosos”.

Ossa reconoció que hay una notoria evolución en la calidad técnica, si bien en su opinión no es lo más importante. “Hay evolución en la dirección de actores, y debe ser mejor cada vez, pues los actores buenos no abundan en nuestro país, ya que hay mucho “acartonamiento”.

En cuanto a propuestas cinematográficas, es decir, historias diferentes para llevar a la pantalla grande, Ossa opina que no se ha explorado lo suficiente. “Hemos patinado mucho con los temas que fueron moda en un momento como narcotráfico, mulas, violencia, guerrilla, paramilitarismo. En Colombia hay mucha literatura, hay muchas historias y muy bellas, muy diferentes y son pocos los realizadores que las aprovechan”.

La tercera base

Felipe Aljure señaló que a la Ley de Cine le hace falta desarrollar un tercer pilar: la titularización, que consiste en desarrollar la financiación a partir de títulos valores que puedan ser puestos en la bolsa para ser vendidos o adquiridos por inversionistas.
Para poner un ejemplo hipotético, Aljure explica que si una película vale mil millones y consigue vender una acción de un millón de pesos a mil inversionistas, el Estado, vía la Ley de Cine, le otorgaría una deducción del 41.25% de su inversión, lo que quiere decir que sólo estaría arriesgando $580.000 pesos.

Lo que se consigue con esto es tener muchos inversionistas. “En mi opinión, desarrollar ese aspecto de la financiación es una forma de atornillar los riesgos, pero desafortunadamente no ha existido voluntad para sacarlo adelante. La titularización contrarresta la desconfianza y le da más tranquilidad y certeza a quien invierte”.

Al respecto, la directora de cinematografía de Mincultura dijo que la titularización es una herramienta que ofrece la Ley, pero que no depende de esa cartera su reglamentación y puesta en marcha. “Hay que tener en cuenta que es un tipo de financiamiento que se trabaja en el mercado de valores implica una inversión de unos presupuestos muy grandes, con unos flujos de caja que puedan sustentarlo, y todavía las películas colombianas no logran demostrar esa suma de capitales enormes”.

Adelfa Martínez agregó que en las discusiones sobre este tema se ha concluido que sería necesario ofrecer un catálogo con diez o más títulos, con los cuales se pueda pensar en la titularización. “Mientras tanto consideramos que el sistema de estímulos tributarios que estamos aplicando permite que en grandes o pequeñas cantidades se pueda invertir o donar recursos. Hasta ahora ha funcionado muy bien. De hecho en estos años se han invertido $110.000 millones en beneficio de 116 proyectos cinematográficos”.

A esto se suma la Nueva Ley de Cine (Ley 1556) que ofrece beneficios económicos a los productores de películas y ‘tv movies’ que rueden en Colombia del 40% del valor del gasto que realicen en la contratación de servicios nacionales de preproducción, producción y posproducción, y el 20% del gasto que realicen en hoteles, alimentación y transporte.

Según la Ministra de Cultura, Mariana Garcés, esta segunda Ley quiere avanzar en la dirección que viene trazando la primera para trabajar además en la internacionalización de las películas: “Traer recursos frescos al sector para que se fortalezca y siga desarrollando sus propios procesos a partir del aprendizaje”.

Inicialmente el fondo para las contraprestaciones será de $25 mil millones que saldrán del Presupuesto Nacional, lo que significa que el país estará preparado para responder a una inversión extranjera hasta de US$42 millones en el primer año.

En opinión de Aljure la nueva Ley busca fortalecer el medio cinematográfico pero tiene dos retos importantes. “Uno de ellos es que la norma dura diez años y en ese lapso debemos revertir la mala imagen de país ante los potenciales inversionistas y suplir las carencias tanto en equipos como en cultura cinematográfica. De otro lado la Ley se surte del Presupuesto General de la Nación, pero estos proyectos cinematográficos pueden tomar tiempos de entre dos y tres años para concretarlos y puede ocurrir que cuando los inversionistas decidan hacerlo el Fondo no tenga el dinero que se ha prometido, entonces se va a tener dificultades si no se manejan esos riesgos”.

Pese a los retos, el optimismo en el sector cinematográfico es justificable, pues se ha demostrado que mediante políticas públicas sostenidas es posible el desarrollo y que es cuestión de tiempo y de ir ajustando la norma a las exigencias de cada momento, como se podrá llegar al establecimiento de una industria en Colombia. Así las cosas, esta película apenas comienza.

Cineastas siguen quedando en la quiebra para cumplir el sueño de hacer cine

Señal Radio Colombia
Martes, 16 Julio 2013 11:17

“García” fue la primera película que el cineasta José Luis Rugeles dirigió. Para sacarla adelante tuvo que invertir 1.200 millones de pesos, mucho menos que los millones de dólares que suelen costar las producciones estadounidenses.
Pero aún así, era demasiado dinero para José Luis y su equipo de trabajo, por lo que tuvo que acudir a múltiples formas de financiación, incluyendo dineros estatales.

“Recibimos el premio de Ibermedia, el guion nos lo ayudó a escribir la Fundación Carolina, era un guion de Diego Vivanco, con dinero nuestros de Rhayuela, con la ayuda de RCN, pudimos juntar dinero de todos lados y salir adelante, se hizo con las ganas”, cuenta el cineasta.

La filmación de García duró cuatro semanas, pero la preproducción y la postproducción duraron varios años. El 13 de abril de 2010 finalmente la película se estrenó, pero desde el comienzo dificultades técnicas se hicieron evidentes y los resultados en taquilla no fueron los mejores.

“Sólo tuvimos 55 mil espectadores, porque la película no sonaba casi, estaba bien mezclada pero se había cometido un error en la masterizacion y los expertos recomendaron subirle tres punticos, le dijimos a los de las salas de exhibición y ellos no lo hicieron, entonces uno iba a ver la película y sonaba más una persona al lado comiendo chitos que la película al frente”, se lamenta Rugeles.

Con García pasó lo mismo que ha pasado con la mayoría de las 100 películas colombianas que han contado con apoyo económico del Ministerio de Cultura a través del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico: Duran poco tiempo en cartelera y pocos las ven.
El jefe del Área Audiovisual de la Universidad de la Sábana, Jerónimo Rivera, explica que el fenómeno se debe a que las salas de exhibición son demasiado impacientes.

“Normalmente a las películas colombianas les dan entre uno y dos fines de semana para tratar de acercar al público a las historias. Es lamentable porque hay gente que no puede ir el primer fin de semana y cuando quiere ir ya no está la película porque no le dieron el tiempo suficiente para estar en cartelera”, asegura el experto.

Decía Luis Ospina que hacer una película es como lanzarse de un tercer piso y hacer la segunda es como lanzarse del séptimo.

Pese a los apoyos económicos fijados por la ley de cine que por estos días cumplen 10 años, muchos directores quedan en la quiebra al tratar de cumplir el sueño de hacer cine.

“Acuden a todo, hay directores que hipotecan la casa, hay directores que venden el carro, otros la finca, esta locura de hacer cine es una locura porque se pueden llegar a medidas muy extremas, pero cada vez más los directores y productores están siendo más serios en sus modelos de negocio”, dice Rivera.

El panorama no es el mejor para el cine colombiano pero es positivo sí se compara con el de hace 10 años, según Adelfa Martínez, directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura.

“Se han irrigado al sector alrededor de 220 mil millones de pesos en estos 10 años y esto nos ha permitido crecer contundentemente. Antes de la Ley de Cine teníamos un promedio de tres películas estrenadas en salas de cine, hoy en día tenemos un promedio del 12% y con una cifra record como las del año pasado del 2012 en la que estrenamos 23 largometrajes”, destaca la funcionaria.

Con los recursos destinados por el Ministerio a la industria, otro tipo de cineastas se ha visto beneficiados: Los que hacen cortometrajes. Uno de ellos es Jorge Mario Vera, quien ha logrado ganar varias convocatorias estatales y así ha logrado financiar sus proyectos, aunque a su juicio el dinero que se otorga no es suficiente.

“A veces uno no sabe si es un premio o un castigo porque las exigencias que ellos mismos hacen ponen en la convocatoria son muchas más costosas de los del premio que están entregando. Como copiar en 35 milímetros, que tenga una licencia Dolby, que la mezcla sea profesional sea profesional, ese tipo de cosas hacen que los costos sean más altos que los que da el premio”, advierte Vera.

Más que la falta de dinero, lo que más daño le está haciendo al cine colombiano es el poco apoyo del público. Con excepción de algunas comedias, pocas dan ganancias y es por eso que expertos como Jerónimo Rivera, consideran que es necesario formar a los colombianos para que aprendan a ver cine

“La creación por ejemplo de salas de cine alternativas que presenten contenido independiente sino internacional. Tenemos algunas cuantas en las principales ciudades del país pero son insuficientes y costosas, la gente no puede acceder públicamente a ellas, una buena iniciativa es que desde el estado se promuevan salas alternativas que no tengan necesidad de retribución económica”, asegura Jerónimo Rivera.

Muchos dicen que no ven cine colombiano porque sólo hablan de narcotráfico y violencia, pero sólo hace falta ver el listado de las películas nacionales que salieron a las salas de cine para ver que las temáticas son variadas. Cuentan historias que van desde el viaje que inicia un juglar vallenato para devolver un acordeón hasta la angustia de una mujer que queda atrapada en un cuarto diseñado por un agente nazi.

MinCultura celebra los 10 años de la Ley de Cine

26 de junio de 201

Este año, la Ley de cine 814 de 2003 llega a su aniversario número 10. Esta ley ha permitido el nacimiento de una nueva industria nacional: la cinematográfica. En estos diez años, gracias a esta legislación se han invertido más de 180 mil millones de pesos en la realización de películas, y en total se han estrenado 117 largometrajes en las salas de cine, que han visto más de 20 millones de colombianos.

Para conmemorar los 10 años de la Ley, el Ministerio de Cultura invita al Foro Semana “Diez años de la Ley de Cine, panorama actual de la industria en Colombia e Iberoamérica” –realizado en alianza con la Secretaría de Cultura de Medellín el viernes 5 de julio en la capital antioqueña, con expertos nacionales e internacionales que atenderán a la reunión de IBERMEDIA.
El Foro se realizará en el Centro de Convenciones Plaza Mayor de Medellín (Antioquia) con la participación de la Ministra de Cultura, Mariana Garcés; el director de cine, Felipe Aljure; y los productores Juan Pablo Gugliotta, de Argentina; Manoel Rangel, de Brasil; y Rodrigo Guerrero de Colombia, entre otros. La moderación estará a cargo del crítico de cine Mauricio Reina.
Ibermedia es un programa que anualmente entrega una serie de incentivos que también han sido fundamentales para el impulso del cine colombiano y las coproducciones iberoamericanas. Este año del 2 al 5 de julio Colombia será el país anfitrión de la reunión anual del programa en Medellín, donde se darán cita 34 representantes de distintas autoridades cinematográficas de Iberoamérica, provenientes de 16 países invitados.

Sobre los 10 años de la Ley

Del 1996 al 2003 se estrenaban en Colombia 4 películas en promedio, mientras que el año pasado se llegó a una cifra récord de 23. Prácticamente en esta década se ha producido más del 50% de las películas colombianas que se han estrenado en la historia del cine del país.Además, el porcentaje de la taquilla colombiana respecto a la taquilla general ha aumentado en más de 5%. (En el período anterior a la Ley estaba en alrededor del 3% hoy en día se encuentra cercano al 8,6%).

Paralelamente al incremento en el número de películas, nuestra cinematografía se ha hecho conocida a nivel internacional gracias a esta Ley. Los más importantes festivales de cine del mundo las seleccionan y desde 2010, más de 125 películas y proyectos han participado en festivales, mercados y talleres a nivel mundial, entre los que se cuentan Cannes, Berlín, Venecia, Toronto, Locarno, Sundance y San Sebastián. Tan solo el año pasado, la industria cinematográfica nacional se llevó 30 premios de la escena internacional.

Esta Ley, que fue inspirada en legislaciones de países europeos, ha servido además de modelo para las cinematografías de otros países de nuestra región. Gracias a ella, el Gobierno Nacional ha podido dar lugar una Segunda Ley, asesorada por todo el sector y sancionada en el 2012, para el fortalecimiento de esta industria incipiente: la Ley locación Colombia.

Según la Ministra de Cultura Mariana Garcés, esta segunda Ley, que busca fomentar el territorio nacional como locación para rodar, así como la contratación de empresas nacionales de producción y posproducción en proyectos nacionales e internacionales, quiere avanzar en la dirección que viene trazando la primera para trabajar además en la internacionalización de las películas: “Traer recursos frescos al sector para que se fortalezca y siga desarrollando sus propios procesos a partir del aprendizaje”.

El viernes 5 de juliose llevará a cabo el Foro Semana, con la presencia de la Ministra de Cultura Mariana Garcés y la participación de expertos nacionales e internacionales sobre el tema, que será transmitido vía streaming en www.mincultura.gov.co.

Sobre La Ley 814

La Ley 814 creó estímulos tributarios para incentivar las inversiones o donaciones privadas realizadas a las producciones de cine y también creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico a través del cual se entrega el 70% del dinero recaudado en las taquillas de cine a los proyectos cinematográficos colombianos y al sector a manera de estímulos.

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